EEUU 3/02/2020 - Uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta la industria acuícola para poder mantener el ritmo de crecimiento actual es el de proveerse de materia prima renovable, sostenible, con alta calidad y digestibilidad, a un precio razonable.
Hasta ahora la mayor fuente de proteína con estas características procedía del ámbito pesquero extractivo; sin embargo, la discontinuidad en el aprovisionamiento y la fuerte dependencia a factores ambientales está impulsando la innovación científica que se dirige hacia el uso de proteínas unicelulares como nuevos ingredientes. La otra opción a la que los fabricantes de alimentos para acuicultura han echado mano, las proteínas vegetales terrestres, pero estas carecen de los aminoácidos esenciales que requieren la mayoría de especies acuícolas, y pueden contener compuestos antinutricionales como el ácido fítico, el cual en altas cantidades afecta la capacidad para absorber ciertos nutrientes como el calcio, el magnecio, el hierro y el zinc.
En la carrera por encontrar un sustituto se está posicionando cada vez más la proteína unicelular, que había estado considerada hasta hace poco como una tecnología prometedora, y es actualmente una realidad para determinado tipo de procesos, existiendo en el mercado productos comerciales que en los ensayos han dado resultados muy positivos en la inclusión de estos ingredientes en alimentos para especies como la tilapia, la trucha arcoíris, el salmón Atlántico o el langostino blanco tropical.
Sin embargo, al hablar de microbios con interés comercial, nos estamos refiriendo a una amplia gama de ellos. Entre las distintas opciones se distinguen, entre otras, los organismos unicelulares autótrofos, los quimiotróficos, los metilotróficos, los heterotróficos, los mixotróficos, las levaduras, las bacterias y los hongos. Cada uno con sus particularidades y, al tratarse de una tecnología reciente, sus propios desafíos relacionados con la escala, el procesado y los costes de producción.

