Modificar los hábitos alimentarios de los consumidores es difícil por varias razones. Los alimentos forman una parte integral de la cultura y la identidad de las personas. Además, los gustos y preferencias alimentarias se establecen en una edad temprana y pueden ser difíciles de cambiar más adelante en la vida.
Los hábitos alimentarios también están influenciados por factores sociales, como la familia, amigos y grupos de referencia, lo que puede dificultar el cambio en los patrones de consumo.
Teniendo todo esto en cuenta, conseguir que los europeos consuman más algas puede ser difícil ya que estas no son un alimento tradicionalmente consumido. Además, existe una gran falta de conocimiento sobre cómo prepararlas o cocinarlas.
Sin bien en países como Francia, España o Portugal puede haber una predisposición hacia el consumo de algas, ya que se puede asociar al consumo de productos del mar, tampoco se está explicando debidamente a los consumidores por qué es importante incluirlas en los actuales hábitos de consumo. Ni existe una producción o una oferta suficiente y atractiva para que los europeos se familiaricen con estos productos.
Si bien en algunos países puede haber una predisposición y puede ser menos complicado, en otros como Alemania o países del Este de Europa donde el consumo de pescado y marisco es mucho más marginal parece todo un desafío.
Por poner un ejemplo, el mejillón, un producto totalmente consolidado en la mesa de muchos hogares en España desde hace más de medio siglo, tiene un consumo en Europa que difiere entre distintos Estados miembros. En España el consumo medio per capita es de 1,68 kilogramos, mientras que en Alemania es de 0,13 kilogramos.
Esta diferencia tan significativa está asociada a la cultura gastronómica y disponibilidad del producto en cada país, y no parece que vaya a cambiar de un día para otro. Según datos de Eurostat han sido necesarios 20 años para que el consumo de mejillones en Alemania haya pasado de 0,06 kilogramos en 2001 al consumo actual.
¿Nos podemos hacer una idea sobre qué ocurrirá con las algas? Otro aspecto que no juega a favor de este cambio de consumo hacia las algas está relacionado con el sabor y la textura, ya que pueden no ser del agrado de algunas personas, lo que puede requerir una adaptación al paladar.
La solución para hacer las algas más atractivas a los consumidores pasa por combinarlas con otros ingredientes a través de elaborados, cocinarlas adecuadamente con aderezos y condimentos y escoger las variedades más propicias.
En el mercado ya se están poniendo a disposición de los consumidores varias ofertas de productos a base de algas como snacks, ensaladas, salsas y condimentos. Sin embargo, para asegurar que estos elaborados son saludables debe darse importancia a la información nutricional de las etiquetas ya que hay que asegurar que no contengan demasiado sodio o azúcares añadidos.
Mientras llega el día en el que los europeos nos convirtamos en alguívoros habrá que seguir reforzando con información y educación nutricional los beneficios de incorporar a nuestros hábitos alimenticios las algas, ya que muchas personas no son conscientes de los efectos beneficiosos para la salud de cierto tipo de algas y la importancia de una alimentación saludable.

