Santiago de Compostela 14/03/2016 – Si la situación de rechazo de la acuicultura industrial se instala en Galicia, los alumnos del Instituto de Formación IGAFA tendrán graves problemas para encontrar trabajo en su región; y se verán (y ya se están viendo) obligados a tener que emigrar, como sus abuelos y bisabuelos, en la búsqueda de oportunidades laborales en Europa, o Latinoamérica.
Y es que el desarrollo de la acuicultura no es solo una oportunidad empresarial, sino una necesidad reconocida por organizaciones internacionales de prestigio como la FAO, que ven en esta actividad productiva la mejor manera de alimentar a una población mundial en crecimiento y que puede permitir, en aquellas comarcas de Galicia donde no existe alternativa alguna, empleo para la gente joven.
Cuesta ponerse en la piel de estos estudiantes que en la actualidad están cursando un ciclo de acuicultura en Galicia. La formación es un esfuerzo que la sociedad, los padres y los alumnos hacen para poder continuar progresando. Todo esto puede irse al garete por culpa de unos prejuicios sobre una actividad, de la que sus detractores, ni siquiera se han tomado la molestia de conocer. La acuicultura es una conquista de la sociedad, y no debe ser vista como un problema.
Existe mucha gente con un odio irracional hacia una actividad que ha venido para quedarse, aquí o en otra parte, y que nos permite consumir productos nutritivos, sabrosos y sanos, al mejor precio. Para la humanidad, el desarrollo de la acuicultura tiene que suponer un avance natural, tal y como ya lo es la agricultura y la ganadería.
En la actitud de los detractores de la actividad, me da también la impresión que hay una buena dosis de egoísmo por parte del establishment que actualmente disfruta del mar para sus actividades económicas y empresariales. Así como oportunismo político para erosionar al contrario. La acuicultura no deja de ser la escusa para hacer actos de precampaña.
En algunos casos estamos hablando de estar en contra de empresas que llevan más de dos décadas operando sin el mayor problema medioambiental, ni de otra índole.
Sin embargo, en determinadas comarcas de Galicia, la acuicultura parece ser un motivo suficientemente importante para que los jóvenes puedan labrarse un futuro y poder seguir viviendo del mar.
La ceguera de los opositores de esta actividad llega hasta tal punto que no son capaces de reconocer que, hoy en día, todo lo que servirá para alimentar a la clase media deberá proceder de fuentes ganaderas y agrícolas terrestres o marinas sostenibles. La pesca siempre estará ahí para alimentar a aquellos cuyos bolsillos se lo permita, pero cada vez es una alternativa más lejana del consumidor promedio de este país.
Y mientras la oposición crece y eleva su tono, en el otro lado, el silencio se convierte en una muestra de lo poco eficaces que son las herramientas que tenemos para defender al sector.

