Por Alejandro Güelfo, editor de misPeces
Las certificaciones MSC, ASC o Friend of the Sea, como las más populares, forman parte de una larga lista de estándares de calidad y medioambientales para los productos acuáticos en el mundo. Es comprensible que en países en desarrollo sea una forma de hacer el trabajo que las autoridades no hacen por la seguridad alimentaria, la calidad y la sostenibilidad medioambiental. Sin embargo, ¿son necesarias en la acuicultura europea?
¿Acaso no está suficientemente bien articulado este tema por los organismos de gestión de la Comisión Europea y los Estados miembro y las Regiones? La legislación vigente en materia de seguridad alimentaria, la calidad y la sostenibilidad ambiental y social en Europa debería ser suficiente garantía. De no ser así ¿Qué está fallando?
Para colmo, la gran cantidad de estándares y organismos de certificación no hacen otra cosa que confundir al consumidor en un galimatías de más de 40 sellos que hacen que se reste credibilidad de cara a este. No se sabe bien donde termina un ecoetiquetado y donde empieza el siguiente.
Como ya se ha dicho en diversas ocasiones, lejos de cumplir con la filosofía para la que fueron creadas, se han convertido en "herramientas del mercado que solo sirven como barrera de entrada", o a dictaduras por parte de las cadenas minoristas "cada vez con más presencia y poder en la toma de decisiones de los consumidores". Los productores pequeños europeos, junto con los consumidores con menos recursos son los mayores perjudicados con esta situación, y en riesgo de quedar excluidos.
Sin embargo, si quieres vender tu producto a según que determinado mercado es una exigencia “obligada”.
¿Acaso un producto producido dentro de la Unión Europea es mejor si está certificado por ASC o FoS que otro que no? ¿Quiénes son los que ganan?

