Madrid 25/07/2011 - Es una de las voces españolas con mayor eco en la Unión Europea y viceversa. Su visión, amplia y segura, es un soplo de optimismo en una época de incertidumbres, propias y ajenas, nacionales e internacionales, en el sector de la acuicultura.
Fernando Torrent, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, investigador del European Aquaculture Technology and Innovation Platform (EATIP) y desde julio presidente de APROMAR, dibuja un futuro próspero y “muy diferente” al actual para esta industria y considera que el desarrollo llegará a través del “aperturismo y la llegada al mar”.
Ésta es una de las conclusiones del análisis titulado “Contexto Europeo. Tecnología como base del Desarrollo. Nuevos retos para el sector”, fruto del trabajo comunitario que realiza la EATIP para definir el horizonte en los próximos 20 años y cuyo contenido ya está disponible en la web de la Plataforma Tecnológica Española de la Pesca y la Acuicultura (PTEPA).
Torrent contempla varios factores que vaticinan esta prosperidad para el sector: el crecimiento de la población y, por ende, de la demanda alimenticia a nivel mundial (de 2.000 millones de habitantes en 1950 a 9.000 previstos en 2025); el “déficit brutal” de pescado en la UE y las grandes exigencias de importación (solo en España la balanza negativa asciende a 2.400 millones); y el hecho de que “la acuicultura comercial a gran escala apenas tiene 30 años y es la única alternativa para abastecer al mercado con una industria propia y sostenible”. “Parecen darse las condiciones para originarse la revolución azul, de la misma manera que el siglo pasado se caracterizó por la revolución verde”, recoge el profesor parafraseando a “The Economist”.
La evolución de los últimos años es una prueba de este buen camino, incluso comparable a la penetración de la telefonía móvil, aunque en la actualidad se esté “sufriendo un reajuste importante”. La acuicultura ha ido ganando terreno a la pesca extractiva, hasta el punto de que en 2009 generó en todo el mundo 73 millones de toneladas, mientras que la pesca no llegó a los 90 millones. Este crecimiento se ha visto favorecido por la aparición de nuevas especies, como el panga de Vietnam ¬-del que se han alcanzado 1,4 millones de toneladas en diez años- o la Tilapia -con 3 millones anuales- y por la llegada de nuevos países productores que generan no solo una amenaza, sino también un cuestionamiento moral.
En este sentido, Torrent se plantea: “Tenemos que preguntarnos si es ético o ecológico el que se desarrolle la producción en terceros países que, en muchos casos, no tienen la reglamentación adecuada para permitir un crecimiento sostenible; y todo ello, para suministrar a países desarrollados en base a su alto poder adquisitivo”.
Frente a este modelo, el profesor defiende que “lo verdaderamente ecológico” es desarrollar la industria y la tecnología “frente a nuestras costas y nuestras masas de agua”. Para ello, el principal lastre que debe soltar el sector son los problemas de imagen. “Las bateas llevan 50 años y ya forman parte del paisaje, incluso un atractivo turístico. Sin embargo, sería impensable ponerlas en marcha hoy en día en la UE”, advierte Torrent.
Esta rémora es fundamental dada la perspectiva de que el desarrollo de la acuicultura sea en mar abierto. “El crecimiento masivo de toneladas de peces en España y en Europa se realizará en sistemas de jaulas o viveros flotantes”, expone el experto, que cree firmemente en ello y pone como modelo la industria noruega del salmón, convertida ya en la segunda actividad exportadora del país nórdico tras el petróleo. Estos sistema intensivos, unidos a las bateas o long lines, se complementarán con grandes centros de preengorde en recirculación “para aumentar el tamaño del alevín”.
Las claves del éxito serán, por paralelismo con el salmón, la alimentación, la tecnología y gestión, y la selección genética. La combinación de estos tres factores será decisiva para que la producción sea “muy eficiente”.
Pero además, Torrent destaca un principio básico ineludible para el desarrollo acuícola en la UE: la búsqueda de soluciones medioambientales “aceptables y sostenibles”. Para lograrlo, el profesor considera que los cauces son la creación y orientación de la capacidad investigadora de manera “adecuada tanto tecnológica como estructuralmente”, el reconocimiento de que la acuicultura “es el mayor indicador de una calidad continuada del medio acuático” y, finalmente, la aceptación social unida a la sostenibilidad energética y económica.

