La acuaponía lleva años posicionándose como una de las soluciones más prometedoras para producir proteína y vegetales con menor impacto ambiental, en espacios reducidos y con acceso limitado al agua. Sin embargo, más allá del relato de sostenibilidad, faltaban herramientas capaces de medir de forma integrada si realmente compensa frente a sistemas convencionales.
Un estudio reciente de investigadores de la Universidad Autónoma de Querétaro, en México, publicado en Scientific Reports da un paso en esa dirección al desarrollar un índice bioeconómico que permite comparar, en igualdad de condiciones, un sistema intensivo de acuaponía con tilapia y tomate frente a acuicultura e hidroponía por separado.
El trabajo no se limita a medir crecimiento o producción, sino que combina variables productivas, ambientales y económicas en un único indicador: el Bioeconomic Performance Index (BPI).
Este enfoque permite capturar algo que a menudo se pierde en los análisis tradicionales: en equilibrio entre eficiencia, costes y sostenibilidad. Bajo este marco, el sistema acuapónico intensivo resultó ser el más eficiente en términos globales, al equilibrar un mayor consumo de recursos con una producción combinada superior de pescado y vegetales.
En términos productivos, los resultados muestran que la tilapia en acuaponía crece igual o mejor que en acuicultura convencional, con mejoras en la conversión alimenticia y la eficiencia proteica.
El factor diferencial está en la calidad del agua: la integración con plantas reduce la acumulación de compuestos nitrogenados, estabiliza el sistema y disminuye el estrés fisiológico de los peces. Esta mejora se traduce en un crecimiento ligeramente superior y mayores tasas de supervivencia. En paralelo, el cultivo de tomate en acuaponía logra producciones relevantes sin fertilización sintética, aunque queda por debajo del rendimiento de la hidroponía, donde el suministro nutricional está optimizado.
Donde el sistema integrado marca una diferencia clara es en la eficiencia del uso de recursos. El estudio muestra que la acuaponía alcanza valores significativamente más altos en eficiencia de uso de nitrógeno, fósforo y potasio, además de una mayor eficiencia hídrica.
En un contexto de creciente presión sobre el agua y los fertilizantes, este dato refuerza el interés estratégico de los sistemas cerrados y circulares. La capacidad de transformar residuos de la acuicultura en insumos para la agricultura no solo reduce pérdidas, sino que mejora la productividad global del sistema.
Sin embargo, el análisis también desmonta uno de los supuestos implícitos más habituales: que mayor eficiencia implica necesariamente menor coste. El sistema acuapónico fue el más caro de operar, principalmente por el consumo energético asociado a la recirculación continua, filtración y mantenimiento del sistema.
Este factor se convierte en el elemento crítico del modelo. La propia sensibilidad del índice confirma que variaciones en el consumo energético tienen el mayor impacto sobre el rendimiento global, muy por encima de cambios en el precio del pescado o del alimento.
A pesar de ello, la acuaponía intensiva fue el único sistema que logró una rentabilidad claramente superior, gracias a la doble producción. El ingreso generado por peces y tomates permitió compensar los mayores costes operativos, situando el beneficio neto por encima de los sistemas separados. Este resultado es clave: no es la eficiencia ambiental por sí sola la que sostiene el modelo, sino su capacidad de generar más valor por unidad de recurso consumido.
El índice bioeconómico sintetiza esta realidad de forma contundente. Mientras la acuaponía alcanza el valor más alto, reflejando que sus beneficios superan ampliamente los recursos empleados, la acuicultura convencional queda muy rezagada y la hidroponía se sitúa en una posición intermedia.
No obstante, los propios autores advierten que estos resultados dependen en gran medida del contexto, especialmente del coste de la energía. En regiones con electricidad cara, la ventaja económica puede reducirse o incluso desaparecer.
El estudio aporta así una lectura más matizada del potencial de la acuaponía intensiva. No se trata de una solución universalmente superior, sino de un sistema que optimiza el uso de agua y nutrientes a cambio de una mayor dependencia energética y complejidad operativa. En otras palabras, produce más con menos pérdidas, pero no necesariamente con menos coste.
Este cambio de enfoque es relevante para el sector. Frente a una narrativa centrada en la sostenibilidad, el análisis bioeconómico introduce una variable decisiva: la eficiencia real del sistema en condiciones operativas. Y en ese terreno, la acuaponía demuestra que su viabilidad no depende solo de cerrar ciclos, sino de cómo gestiona su principal cuello de botella: la energía.
Referencia:
León-Ramírez, J. J., Félix-Cuencas, L., López-Tejeida, S., García-Trejo, J. F., & Sosa-Ferreyra, C. F. (2026). A bioeconomic performance index for comparison of an experimental intensive aquaponic system with tilapia and tomato versus aquaculture and hydroponics. Scientific Reports. https://doi.org/10.1038/s41598-026-49597-7

