Evgenia Gourzioti, IRIDA |@misPeces
Un patógeno ampliamente conocido por causar estreptococosis en peces de agua dulce, entre ellos la tilapia, ha sido asociado por primera vez con enfermedad en lubina europea (Dicentrarchus labrax) cultivada en el este de Grecia.
Streptococcus iniae no es, sin embargo, una bacteria exclusivamente dulceacuícola: está documentada internacionalmente en numerosas especies de peces marinos y de agua dulce.
Los peces que padecen esta enfermedad presentan anorexia, letargo, natación errática, opacidad ocular y exoftalmia, entre otros signos.
El nuevo caso fue presentado en Aquaculture Europe 2026 por la investigadora Evgenia Gourzioti de IRIDA. Entrevistada por misPeces, la investigadora explico que los primeros episodios se registraron durante el verano de 2025 en dos granjas de jaulas marinas del sudeste de Grecia, donde las mortalidades alcanzaron entre el 8% y el 10% y afectaron a lubinas de entre 90 y 500 gramos.
El caso, aunque todavía está muy localizado, debe ahora ser seguido por su relevancia para la acuicultura mediterránea, lo que afecta a una de sus principales especies cultivadas.
Los análisis bacteriológicos, PCR, secuenciación del gen 16S y análisis genómico confirmaron la presencia de esta bacteria y los episodios coincidieron con temperaturas del agua de entre 25 y 27 °C.
La investigadora ha confirmado también que la bacteria volvió a detectarse este verano de 2026, en una de las dos explotaciones afectadas el año anterior y limitada esta vez a dos jaulas.
La diferencia esta vez fue la rapidez de la respuesta. “Estábamos mejor preparados”, explicó. Tras recibir las muestras se identificó nuevamente la misma cepa y se inició el tratamiento, consiguiendo detener el episodio, según Gourzioti, sin mortalidad.
La temperatura podría ser uno de los factores que favorecen la aparición de la enfermedad. El episodio de 2025 se concentró entre mediados de agosto y mediados de septiembre y Gourzioti considera que las altas temperaturas pudieron desempeñar un papel, aunque advierte de que deben considerarse otras variables.
Entre ellas plantea como hipótesis la expansión de peces no nativos hacia el Mediterráneo oriental a través del canal de Suez y señala que los análisis encontraron relación del linaje bacteriano con cepas asiáticas. Esta posible vía de introducción no está demostrada y deberá investigarse.
Una investigación que pone en alerta un sector de gran importancia
La investigación es útil para poner en marcha un sistema de vigilancia más amplio. Esta bacteria posee un rango de hospedadores considerable y la literatura científica lleva décadas describiendo infecciones tanto en peces de agua dulce como marinos, especialmente en regiones de aguas cálidas.
Una revisión científica ya señalaba al menos 27 especies susceptibles y advertía de su importancia económica para la acuicultura, mientras trabajos más recientes contabilizan más de 80 cepas identificadas.
Por tanto, el caso griego no demuestra un nuevo salto entre ambientes, sino la aparición de un hospedador y escenario productivo de interés para la acuicultura mediterránea.
La prevención será ahora uno de los aspectos a seguir. Gourzioti señala que no existe actualmente una vacuna comercial específica frente a este patógeno para las especies mediterráneas y confirma que ya se ha hablado con dos granjas sobre la posibilidad de vacunar.
IRIDA y Aquatic Biologicals disponen de los aislados y, si las explotaciones deciden avanzar, podrían desarrollar vacunas autógenas.
La recurrencia observada durante dos veranos consecutivos permitirá comprobar en las próximas campañas si se trata de episodios localizados o de un riesgo sanitario que requiere una vigilancia específica en la producción mediterránea de lubina.

