Bruselas 03/11/2015 – Uno de cada tres pescados servidos en restaurantes de Bruselas, la sede de las principales instituciones de la Unión Europea (UE), no corresponde con la especie por la que pagó el consumidor.
Así lo destacan desde Oceana tras realizar una investigación con test de ADN llevada a cabo por la Universidad Católica de LOvaina, en la que encontraron que el atún rojo, el lenguado y el bacalao se sustituyeron por especies hasta un 40 por ciento más baratas.
“Los tests de ADN muestran un fraude en el pescado generalizado en restaurantes de Bruselas e incluso en instalaciones de la UE. Se engaña al consumidor y se deja la puerta abierta al blanqueo de productos pesqueros ilegales”, señala Lasse Gustavsson, director ejecutivo de Oceana en Europa.
“La UE tiene que acabar con este negocio, asumir la responsabilidad y mejorar con urgencia la trazabilidad y etiquetado del pescado”, señaló Gustavsson.
Los hallazgos de Oceana sugieren que las razones económicas son las principales culpables del fraude en el pescado y el subsiguiente engaño al consumidor.
Especies como el bacalao o el lenguado, que llegan a costar 30 o 40 euros el plato, se cambian por otras como panga, más barata.
En el caso del atún rojo, en el 95 por ciento de los casos se sustituyó por patudo o atún claro, dos especies tropicales y más económicas.
El lenguado común en el 11 por ciento de los casos se sustituyó por otros peces planos más baratos, y en el 13 por ciento de los casos, el bacalao se sustituyó por especies distintas, la mayoría de las veces panga o carbonero.
Para más muestra de la impunidad con la que se engaña a los consumidores, los propios políticos que comen en los comedores de instituciones de la Unión Europea, tanto del Parlamento como de la Comisión, pueden hallar en el plato un pescado diferente al que habían pedido con un 38 por ciento de probabilidad.
“El primer paso es que las autoridades se den cuenta de que el fraude en el pescado es un problema que afecta a la UE y que ellos mismos, como consumidores, también son vulnerables. A medida que los recursos pesqueros europeos escasean por la sobreexplotación, se satisface la demanda del mercado con productos importados o sustitutos más baratos, engañando al consumidor”, añade Gustavsson.

