Producir semilla de almeja japonesa con una mayor tolerancia a las olas de calor y una mayor resistencia al parásito Perkinsus es un objetivo sobre el que puede actuar la selección genética.
Es el mensaje que se desprende de la conversación de misPeces con Luca Peruzza, Luca Bargelloni y Massimo Milan, investigadores de la Universidad de Padua que trabajan en el desarrollo de herramientas para mejorar la resiliencia del cultivo de moluscos.
El punto de partida es el trabajo desarrollado en el proyecto ShellFishBoost, presentado por Peruzza en Aquaculture Europe 2026, en Liubliana.
La experimentación descrita por Peruzza utilizó una generación obtenida mediante cruzamientos controlados entre 20 hembras y 20 machos. Unas 1.000 almejas juveniles se distribuyeron en diez acuarios y se expusieron durante 21 días a temperaturas que oscilaron entre 31 y 35 °C, seguidos de otros ocho días de observación a 25 °C. La mortalidad acumulada alcanzó el 55%.
Una segunda prueba consistió en trasladar unos 10.000 individuos a la laguna de Venecia para seguir su infección natural por Perkinsus.
Cuando la prevalencia alcanzó aproximadamente el 50%, se tomaron muestras de 1.000 animales para cuantificar la carga parasitaria. Los datos se integraron con el genotipado mediante una nueva plataforma de marcadores SNP.
La actualización aportada durante la entrevista se refiere principalmente a la heredabilidad de ambos caracteres. En su conversación con misPeces, los investigadores explicaron que los resultados muestran un componente genético transmisible a las siguientes generaciones tanto para la tolerancia al calor como para la resistencia al parásito.
Esto constituye la base para iniciar programas de selección, aunque no equivale a disponer de inmediato de semilla con prestaciones ya validadas en las explotaciones.
Ambas características parecen tener, sin embargo, una arquitectura genética diferente. Para la resistencia a Perkinsus, los investigadores han identificado señales de asociación con regiones concretas del genoma, todavía preliminares y que deben verificarse antes de establecer una relación causal.
En el caso de la tolerancia a las olas de calor, el patrón parece poligénico: numerosas regiones del genoma contribuirían, cada una con un pequeño efecto. Por tanto, no se ha identificado un único marcador capaz de explicar por sí solo la capacidad de sobrevivir al calor.
De los resultados a los criaderos: medir la resistencia y el crecimiento
Para los criaderos, el valor del trabajo incluye también los protocolos necesarios para medir estos caracteres. Bargelloni subrayó que la selección requiere tanto herramientas genómicas accesibles como una medición fiable de las diferencias entre los animales.
En el caso del calor, es necesario diseñar pruebas suficientemente exigentes para distinguir a los individuos más tolerantes, evitando condiciones en las que mueran todos. Para el parásito, el grupo utilizó la exposición natural en una zona controlada y métodos moleculares para medir la intensidad de la infección.
El objetivo es integrar herramientas y procedimientos en orientaciones operativas para los productores.
La cuestión productiva que sigue abierta es cómo combinar resistencia y crecimiento. Los experimentos incluyen también mediciones de la talla, útiles para evaluar posibles correlaciones genéticas: seleccionar animales que crezcan más rápido podría favorecer, perjudicar o no modificar la tolerancia a los factores de estrés.
Los investigadores todavía no disponen de todos los resultados necesarios para definir estas relaciones. Por ello, un programa de mejora deberá considerar varios caracteres y comprobar los posibles compromisos entre ellos, en lugar de centrarse únicamente en la supervivencia o en la velocidad de crecimiento.
Semilla seleccionada: un posible horizonte de dos o tres años
Luca Peruzza durante AE2026
Preguntado por cuándo podrá un productor comprar semilla seleccionada para estas características, Bargelloni señaló un posible horizonte de dos o tres años, gracias también a la colaboración de los proyectos con los criaderos.
Se trata de una perspectiva de transferencia, no de una fecha de comercialización confirmada. Además, la mejora será progresiva: las ventajas deberán medirse y consolidarse a lo largo de las siguientes generaciones.
Junto con la genética, el grupo estudia estrategias complementarias, como el acondicionamiento térmico previo o thermal priming: una exposición preventiva a un estrés térmico subletal que induce ajustes fisiológicos y moleculares y puede mejorar la respuesta ante un episodio posterior más intenso.
La duración de este efecto todavía debe aclararse y no debe confundirse con una mejora genética heredable.
Peruzza, Bargelloni y Milan explicaron que los proyectos europeos ShellFishBoost e IGNITION han contribuido al desarrollo de las herramientas utilizadas en estas investigaciones.
Para los productores, el paso decisivo será ahora comprobar hasta qué punto estos avances pueden traducirse en una semilla más fiable, con beneficios medibles a lo largo del ciclo productivo.
