La pesquería de krill antártico ha finalizado anticipadamente por segundo año consecutivo al alcanzar el nivel de activación de 620.000 toneladas establecido por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR). La campaña debía permanecer abierta hasta el 30 de noviembre, pero el mecanismo regulatorio impide continuar pescando una vez consumido ese límite conjunto en las subáreas 48.1 a 48.4.
El cierre no responde a un colapso del recurso ni supone una prohibición de la actividad. La captura autorizada representa menos del 1% de los aproximadamente 63 millones de toneladas de biomasa estimados en el Área 48. Sin embargo, la pesquería ha agotado nuevamente su margen operativo después de que las capturas pasaran de 424.203 toneladas en 2023 a 498.350 en 2024 y superaran las 620.000 toneladas en 2025.
Para la acuicultura, el efecto inmediato debería ser limitado porque la flota ya ha desembarcado prácticamente todo el volumen permitido, similar al de la campaña anterior y superior al de 2024. La harina y el aceite obtenidos se comercializan además mediante inventarios y contratos, por lo que el cierre de agosto no implica una interrupción automática del suministro a las fábricas de pienso.
La principal señal es de medio plazo: la oferta de krill ha alcanzado su techo regulatorio mientras continúa creciendo el interés de la acuicultura, la nutrición humana y los alimentos para mascotas. Sin un nuevo acuerdo en la CCAMLR, no podrá ampliarse el límite efectivo hasta los 5,61 millones de toneladas calculados para el Área 48, ya que antes sería necesario repartir las capturas entre unidades espaciales más pequeñas y proteger las zonas de alimentación de ballenas, pingüinos y focas.
En los piensos acuícolas, el krill se utiliza principalmente como ingrediente funcional y no como fuente proteica de gran volumen. Sus proteínas digestibles, fosfolípidos, EPA y DHA, astaxantina y compuestos palatables permiten reforzar dietas con poca harina de pescado, especialmente en salmónidos, peces marinos y camarón. Puede sustituirse mediante combinaciones de harinas y aceites marinos, aceites de algas, lecitinas e hidrolizados, aunque difícilmente con un único ingrediente que reproduzca todas sus funciones.
El segundo cierre consecutivo no obliga, por tanto, a abandonar el krill, pero sí a revisar qué formulaciones dependen realmente de él, asegurar contratos y trazabilidad y validar alternativas antes de que aparezcan tensiones de oferta. A ello se suma un riesgo reputacional creciente: el debate ya no se centra solo en cuánto krill se captura, sino en dónde se concentra la pesca y si la gestión protege suficientemente a un ecosistema sometido también al cambio climático.

