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Cádiz tiene Artemia, pero lleva casi medio siglo sin evaluar su potencial como cultivo salinero

Cádiz, 7/08/2026 | Las poblaciones establecidas en la Bahía abren la posibilidad de producir biomasa y quistes para acuicultura, aunque antes será necesario determinar su rendimiento, calidad, seguridad y viabilidad ambiental

Vista aérea de salina en Bahía de Cádiz | CTAQUA

El mercado mundial de quistes de Artemia mueve actualmente entre 350 y 400 millones de dólares anuales y abastece un consumo próximo a las 3.500 toneladas. La mayor parte procede de poblaciones silvestres, una dependencia que podría comprometer la disponibilidad del producto a medida que crece la acuicultura. Según las previsiones elaboradas para el Banco Mundial, la demanda podría superar las 5.000 toneladas en 2035 y elevar el valor del mercado por encima de los 500 millones de dólares.

¿Representa esta situación una oportunidad para las salinas de la Bahía de Cádiz? Estos sistemas albergan poblaciones consolidadas de Artemia franciscana, la misma especie de origen americano que sustenta una parte relevante del comercio internacional. Su presencia está especialmente documentada en el complejo salinero de La Tapa, próximo a El Puerto de Santa María, donde se han observado adultos, juveniles y estadios tempranos durante todo el ciclo anual.

La posibilidad de aprovechar este recurso no es nueva. Una investigación publicada en 1978 comprobó que en las salinas gaditanas podían recolectarse biomasa y quistes. Sin embargo, las tasas de eclosión obtenidas, situadas entre el 20% y el 50%, quedaron lejos de las alcanzadas actualmente por los quistes comerciales de alto rendimiento.

Aquellos resultados estuvieron condicionados por los métodos de recogida, limpieza, secado y conservación disponibles hace casi cinco décadas, por lo que no permiten determinar el potencial productivo actual. Pese a la recuperación de parte del entorno salinero y a la consolidación en Cádiz de un importante polo de conocimiento en economía azul, no se ha localizado una evaluación moderna de esta posibilidad.

Se desconoce cuánta biomasa o cuántos quistes podrían obtenerse por hectárea y año, cuántos nauplios proporcionarían por gramo, qué calidad nutricional y sanitaria tendrían y cuánto costaría cosecharlos, procesarlos y conservarlos.

Las salinas podrían convertirse en espacios de producción controlada

Marea roja en salina

La oportunidad no consistiría únicamente en recolectar la Artemia que aparece espontáneamente. Si los estudios confirmasen un rendimiento suficiente, determinadas balsas podrían manejarse como sistemas extensivos de producción controlada, aprovechando sus gradientes de salinidad y su circulación de agua. Este planteamiento permitiría incorporar la Artemia al catálogo de productos salineros y generar una actividad complementaria vinculada a la alimentación acuícola.

Existe, sin embargo, una limitación ambiental decisiva. Artemia franciscana está considerada una especie exótica invasora y ha desplazado a poblaciones autóctonas en distintos humedales ibéricos. Cualquier iniciativa tendría que someterse a autorización ambiental y desarrollarse exclusivamente en balsas donde la especie ya esté establecida, sin sembrar quistes, trasladar ejemplares vivos entre salinas ni favorecer su dispersión.

La viabilidad dependería tanto del rendimiento productivo como de la capacidad para confinar y controlar la población.

La biomasa congelada o inactivada podría constituir la primera salida comercial. Aunque tendría menor valor y un mercado principalmente próximo, evitaría el transporte de organismos vivos y podría utilizarse como alimento complementario en criaderos, centros de investigación, instalaciones de reproductores o centros profesionales.

Los quistes ofrecerían un mercado más amplio y de mayor valor, pero exigirían lotes homogéneos, buena conservación y un coste competitivo por millón de nauplios obtenidos.

Cádiz dispone de salinas activas y abandonadas, poblaciones conocidas de Artemia, instalaciones científicas públicas y centros especializados en acuicultura e investigación aplicada.

Un seguimiento de doce meses en varias salinas permitiría medir la producción estacional, procesar lotes experimentales y compararlos con productos comerciales antes de realizar pruebas en criaderos.

La cuestión ya no es demostrar que existe Artemia en la Bahía, sino comprobar si puede convertirse en una producción salinera controlada, segura y económicamente viable.

En un contexto de creciente presión sobre el suministro internacional, evaluar esta posibilidad permitiría saber si Cádiz puede añadir biomasa y quistes a sus productos salineros y contribuir a diversificar el abastecimiento de los criaderos acuícolas.

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