PIENSOS | SANIDAD

Extractos de insectos antibacterianos para acuicultura, más allá de la proteína

Anavyssos, Grecia, 7/07/2026 | Un estudio con patógenos de la acuicultura mediterránea muestra que algunos extractos de insectos presentan actividad antibacteriana, aunque su aplicación más realista no es sustituir antibióticos, sino reforzar el diseño de piensos funcionales

Insectos con pala

La harina de insecto se ha considerado principalmente un sustituto proteico en los piensos acuícolas. Sin embargo, un reciente estudio publicado en Fishes introduce un enfoque complementario donde el interés se pone en algunos compuestos bioactivos presentes en determinadas especies de insectos para la salud de los peces y la estabilidad del pienso.

Entre estos compuestos se encuentran péptidos antimicrobianos, ácidos grasos de cadena media, quitina, quitosano, polisacáridos y otros metabolitos capaces de interactuar con bacterias, inmunidad o microbiota.

La idea no pasa por presentar los extractos de insecto como una alternativa directa a los tratamientos veterinarios. Su posible interés está en formar parte de dietas funcionales que ayuden a mejorar la resistencia de los peces, reforzar la respuesta inmune o reducir determinados riesgos sanitarios en granja.

El estudio, desarrollado por investigadores del Hellenic Centre for Marine Research y otras instituciones, evaluó extractos de siete especies de insectos frente a bacterias asociadas a brotes de enfermedad en acuicultura marina mediterránea.

Entre las especies analizadas se incluyeron algunas conocidas por su uso o interés en alimentación animal, como la mosca soldado negra (Hermetia illucens), el gusano de la harina (Tenebrio molitor), el gusano de seda (Bombyx mori) y el grillo doméstico (Acheta domesticus), junto con otras especies de interés emergente, como Gryllus bimaculatus, Zophobas morio y la hormiga tejedora Oecophylla smaragdina.

Los extractos se ensayaron frente a bacterias relevantes para la acuicultura mediterránea, incluyendo Vibrio, Photobacterium, Aeromonas y Pseudomonas, entre otras.

Los autores compararon distintos métodos de extracción —agua, metanol e isopropanol— y midieron la capacidad de los extractos para inhibir el crecimiento bacteriano y la actividad metabólica de los microorganismos.

Los resultados muestran diferencias importantes entre especies de insectos y tipos de extracto. No todos los insectos tuvieron el mismo comportamiento, ni todos los métodos permitieron recuperar compuestos con actividad antibacteriana.

Los extractos acuosos de Gryllus bimaculatus, los extractos metanólicos e isopropanólicos de Hermetia illucens y los extractos isopropanólicos de Oecophylla smaragdina destacaron por su actividad frente a varias cepas bacterianas.

En algunos casos, los extractos mostraron actividad frente a bacterias con menor sensibilidad a antibióticos de referencia como bacitracina, ácido oxolínico o estreptomicina.

Lo más relevante del trabajo está en el cambio de enfoque. La harina de insecto no debería analizarse únicamente por su valor como fuente de proteína, sino también por las fracciones funcionales que puede aportar y por su posible papel en la salud intestinal, la respuesta inmune y la reducción de determinados riesgos bacterianos.

Los propios autores subrayan que los extractos crudos no son una alternativa terapéutica directa a los antibióticos convencionales. Su aplicación más realista estaría en el desarrollo de piensos funcionales, dietas de apoyo en momentos de riesgo o formulaciones diseñadas para reducir la vulnerabilidad de los peces antes de que aparezca un problema sanitario.

En ese contexto, pequeñas inclusiones de ingredientes con compuestos bioactivos podrían tener interés, siempre que se demuestre su eficacia en ensayos con peces y no solo en pruebas in vitro.

Por el momento, los resultados deben interpretarse con cautela y como una base para futuras investigaciones más aplicadas. Que un extracto inhiba bacterias en laboratorio no significa que el mismo efecto vaya a producirse automáticamente en una granja marina.

Entre los resultados de laboratorio y su aplicación en granja intervienen múltiples factores técnicos y biológicos, además de la viabilidad económica. Influyen la digestibilidad, el procesado del pienso, la estabilidad de los compuestos, la dosis efectiva, la microbiota intestinal, el estado inmunitario del pez, la temperatura del agua y la presión real del patógeno.

Para que los insectos tengan recorrido en acuicultura, deben integrarse en piensos comerciales sin afectar negativamente al rendimiento ni al coste, y aportar un valor claro más allá de la proteína. Ese valor puede estar en su perfil nutricional, pero también en compuestos funcionales con posibles beneficios para la salud de los peces.

El reto ahora es pasar del cribado en laboratorio a pruebas de alimentación con indicadores productivos claros: crecimiento, conversión alimenticia, supervivencia, microbiota, respuesta inmune, resistencia a desafíos bacterianos y retorno económico para la granja.

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