ACUICULTURA MULTITRÓFICA | RENTABILIDAD Y SOSTENIBILIDAD

Integrar peces, moluscos y algas no garantiza una acuicultura más sostenible

Suecia, 17/08/2026 | La acuicultura multitrófica integrada puede convertir nutrientes residuales en nuevos productos comerciales, pero añadir especies no asegura por sí solo una menor huella ambiental

IMPAQT, granja multitrófico en Irlanda

La acuicultura multitrófica integrada, conocida como IMTA, está pensada para maximizar el aprovechamiento de los nutrientes del sistema a través de una cadena de producción de peces, moluscos y algas.

Sobre el papel, este planteamiento hace más sostenible la acuicultura y permite diversificar la producción. Sin embargo, como documenta un grupo internacional de científicos encabezado por RISE Research Institutes of Sweden, a partir de una revisión de los estudios económicos y ambientales disponibles, estos beneficios no se materializan necesariamente en todos los sistemas.

Como señalan estos investigadores, a nivel económico los sistemas IMTA suelen ofrecer resultados favorables porque valoran los nuevos productos, el aprovechamiento de nutrientes y la posibilidad de repartir el riesgo comercial entre varias especies. Sin embargo, los análisis del ciclo de vida encuentran pocas evidencias consistentes de que estos sistemas tengan un impacto ambiental total inferior al de los monocultivos existentes.

Esto no significa que la IMTA sea ineficaz, sino que rentabilidad y sostenibilidad se han evaluado habitualmente con metodologías, límites y unidades funcionales diferentes.

La principal explicación está en aquello que se incluye en cada cálculo. Una explotación puede mejorar localmente la calidad del agua y obtener ingresos adicionales mediante algas o moluscos, mientras mantiene prácticamente intactos otros impactos asociados a la fabricación del pienso, el consumo energético, los materiales o las infraestructuras.

Si, además, la integración exige más bombeo, estructuras, superficie, transporte o mano de obra, parte de las ventajas obtenidas mediante la recuperación de nutrientes puede quedar compensada por estas nuevas necesidades.

Por eso, el número de especies incorporadas no constituye una medida suficiente del rendimiento ambiental.

Para demostrar una ventaja real, el sistema debe actuar sobre alguno de los grandes focos de impacto de la explotación: reducir el uso de pienso o energía, recuperar una proporción significativa de los nutrientes, disminuir emisiones relevantes o generar coproductos capaces de sustituir otros bienes con una huella mayor.

También debe existir un mercado que absorba esos productos con precios y volúmenes suficientes para compensar la inversión y los costes operativos adicionales.

Otro límite importante es la escala de la evidencia disponible. Muchos resultados económicos proceden de instalaciones piloto, modelos teóricos o extrapolaciones que no siempre reproducen las condiciones de una explotación comercial.

La revisión tampoco identifica sistemas evaluados simultáneamente mediante un análisis de ciclo de vida completo y un análisis coste-beneficio suficientemente robusto. Para productores e inversores, esto obliga a exigir escenarios realistas de supervivencia, productividad, precios, costes laborales, inversión, logística y sensibilidad financiera antes de considerar viable un proyecto.

Por todo ello, los investigadores consideran que la IMTA debe evaluarse como un modelo empresarial y productivo completo, y no asumirse como una garantía de sostenibilidad por el simple hecho de integrar peces, moluscos y algas.

 

Su verdadero valor dependerá de cuánto nutriente recupere, qué recursos adicionales consuma, qué productos obtenga y si puede operar de manera rentable a escala comercial.

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