Algunos sistemas acuícolas podrían contribuir a los objetivos internacionales de conservación de la biodiversidad si, además de producir alimentos, generan beneficios ecológicos sostenidos en el espacio donde se desarrollan.
Así lo plantea un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que examina el posible encaje de ciertas actividades acuícolas en las llamadas otras medidas eficaces de conservación basadas en áreas (OECM, por sus siglas en inglés).
Las OECM son áreas que, sin ser espacios protegidos, están gobernadas y gestionadas de forma que producen resultados positivos y duraderos para la conservación de la biodiversidad.
Su reconocimiento puede contribuir al objetivo 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, conocido como 30×30, que plantea conservar para 2030 el 30 % de las zonas terrestres, aguas continentales y áreas marinas y costeras.
El informe reúne siete casos en los que existen indicios de beneficios directos para la biodiversidad: cultivo de ostras y almejas en el fondo, cultivo de mejillones y ostras en estructuras suspendidas, producción de algas en zonas tropicales y templadas, sistemas integrados de camarón y manglar, y cultivo conjunto de arroz y peces.
La FAO señala que las instalaciones acuícolas pueden aportar estructura y refugio para otras especies y, en algunos casos, limitar el acceso de artes de pesca destructivas. Sin embargo, también advierte de riesgos como la pérdida de hábitats, el uso de productos químicos, la propagación de enfermedades y los escapes de especies no autóctonas.
Por ello, el informe no propone que las granjas acuícolas sean reconocidas automáticamente como áreas de conservación. La evaluación debe hacerse caso por caso y acreditar beneficios de largo plazo, seguimiento de la biodiversidad, gestión eficaz y equitativa y salvaguardas ambientales. La FAO destaca entre los sistemas con mayor potencial algunos cultivos de especies no alimentadas, especies autóctonas y modelos integrados como el arroz-peces.
El documento plantea una posible vía para que ciertos sistemas productivos contribuyan a la conservación, pero subraya que su validez dependerá de las condiciones locales y de resultados verificables.

