TECNOLOGÍA | COMPORTAMIENTO

La alimentación de precisión empieza a interpretar el comportamiento de los peces durante la producción

Doradas (Sparus aurata) |@misPeces

El comportamiento de los peces antes, durante y después de la alimentación se está convirtiendo en una fuente de datos estratégica para la acuicultura intensiva. Cuando los peces responden con intensidad al alimento, el sistema puede mantener o ajustar la dosis. Cuando la actividad cae, seguir aportando pienso puede dejar de tener sentido.

Convertir esa observación, que tradicionalmente dependía del ojo experto del técnico, en una medición objetiva, repetible y útil para tomar decisiones va más allá de una cuestión zootécnica. En un sistema de recirculación en acuicultura, también puede ayudar a reducir el desperdicio de alimento, limitar la carga orgánica y disminuir la presión sobre los filtros mecánicos y biológicos.

La alimentación de precisión requiere tecnologías avanzadas como visión artificial, sensores acústicos, acelerómetros, cámaras submarinas y modelos de aprendizaje automático. Cada herramienta tiene ventajas y limitaciones. La acústica puede funcionar incluso en condiciones de baja visibilidad, pero puede ser costosa y compleja de interpretar. La visión artificial es más accesible y permite analizar patrones de grupo, aunque se enfrenta a problemas como turbidez, reflejos, burbujas, salpicaduras, densidades altas o cambios de iluminación.

En los modelos más avanzados, los mejores resultados se obtienen al combinar redes convolucionales, especializadas en extraer patrones locales de la imagen, con Vision Transformers, capaces de interpretar el contexto global de la escena, y análisis temporal mediante LSTM, que permite seguir la evolución de la actividad durante varios segundos.

En el estudio que sirve de punto de partida, esta validación cruzada a nivel de vídeo alcanzó una exactitud media del 96,16%, aunque la capacidad de generalización dependerá de la especie, la instalación, el diseño del sistema y las condiciones reales de operación.

Más que la precisión aislada del modelo, lo más interesante de este tipo de estudios es el aprendizaje que ofrecen sobre el comportamiento de los peces al inicio de la alimentación, durante el pico de apetito o cuando la saciedad empieza a aparecer. Captar esa evolución es clave para decidir si conviene mantener, reducir o detener el aporte de pienso.

La alimentación inteligente no consiste en echar pienso con más tecnología, sino en saber cuándo el pez deja de convertir ese alimento en crecimiento y empieza a convertirlo en coste.

Cada instalación y cada especie de cultivo requerirán un diseño adaptado. La iluminación, la geometría de los tanques, la posición de las cámaras, el tipo de pienso, la rutina de manejo y el comportamiento de los peces según su estado sanitario o ambiental pueden modificar la calidad de los datos y la respuesta del sistema.

Además de funcionar biológicamente en distintas especies, la tecnología debe integrarse de forma operativa con alimentadores, sensores y sistemas de gestión ya existentes. La gran pregunta no es si la inteligencia artificial puede reconocer la actividad alimentaria. La pregunta que interesa al productor es otra: ¿puede hacerlo de forma robusta, asequible, integrable y con un retorno económico demostrable?

Esta tecnología complementará la experiencia del personal de granja, pero no la sustituirá. Un buen técnico interpreta matices que todavía son difíciles de automatizar, como los cambios de comportamiento asociados a una bajada de oxígeno, variaciones de temperatura, patología, estrés, manipulación previa o jerarquías dentro del lote.

El futuro de la alimentación acuícola no será simplemente automático. Será adaptativo, conectado a lo que el lote expresa en tiempo real.

Cuanto más tecnificado sea un sistema de producción, más importante será conectar los datos que generan estos sensores con decisiones concretas: ajustar las raciones, anticipar problemas, reducir pérdidas y mejorar la estabilidad del ciclo productivo.

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