BIENESTAR | ACÚSTICA EN ACUICULTURA

La música emerge como herramienta experimental para mejorar el bienestar y el rendimiento en peces de cultivo

Mundial, 25/06/2026 | El interés no está únicamente en si la música “relaja” o no a los animales, sino en comprender qué tipo de estímulos sonoros pueden ser útiles, en qué especies, con qué intensidad, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones de cultivo

Músico tocando violín en instalación indoor de acuicultura

La gestión del ambiente acústico empieza a abrirse paso como una línea emergente de investigación en acuicultura. De acuerdo a la literatura científica existente, la música y otros estímulos sonoros estructurados pueden influir en el comportamiento, la fisiología, el estrés y el bienestar de distintos animales, con especial atención al potencial todavía poco explorado en peces.

Aunque las conclusiones de estos estudios deben interpretarse con prudencia. Ya se comienzan a reunir evidencias que apuntan a que el ruido no es un elemento neutro en los sistemas de cultivo y que los peces no solo perciben el sonido, sino que determinadas condiciones acústicas podrían modular su comportamiento, su respuesta al estrés e incluso algunos indicadores relacionados con el crecimiento y la eficiencia alimentaria.

En el agua, las señales acústicas se transmiten de manera eficiente y pueden influir en la orientación, la alimentación, la reproducción, la respuesta al miedo o la interacción social de los peces.

Muchos peces poseen sistemas auditivos desarrollados y adaptados al medio acuático. En algunas especies, la vejiga natatoria, el oído interno, la línea lateral u otras estructuras especializadas permiten detectar vibraciones, presión sonora, frecuencia y dirección del sonido.

Por ello, el interés no está únicamente en si la música “relaja” o no a los animales, sino en comprender qué tipo de estímulos sonoros pueden ser útiles, en qué especies, con qué intensidad, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones de cultivo.

Esta capacidad abre la puerta a estudiar la música como una forma de enriquecimiento ambiental, aunque siempre diferenciándola del ruido antropogénico, que puede generar efectos negativos cuando supera determinados umbrales o se aplica de forma inadecuada.

Respecto a la música, algunos en algunos estudios se ha observado que estímulos musicales, especialmente con música clásica, pueden mejorar moderadamente parámetros de crecimiento y conversión alimenticia en especies como carpa común, dorada y trucha arcoíris en condiciones experimentales.

También se han descrito efectos sobre la respuesta al estrés, los niveles de cortisol, la actividad locomotora o comportamientos asociados a ansiedad en modelos como el pez cebra.

En dorada, se han evaluado en algunos estudios la exposición a piezas de Mozart, Bach u otros estímulos musicales en sistemas de recirculación, observando cambios en crecimiento, peso corporal, conversión alimenticia y neurotransmisores cerebrales.

En trucha arcoíris, otros ensayos han comparado estímulos musicales con ruido blanco y grupos control, con diferencias en eficiencia de crecimiento.

En pez cebra, la música y el enriquecimiento auditivo se han utilizado para estudiar ansiedad, respuesta endocrina y comportamiento tras condiciones de estrés o aislamiento.

Estos resultados no significan que la música pueda incorporarse ya como una herramienta estándar de manejo en granjas comerciales.

Para que la aplicación en la escala comercial llegue a modo de protocolos útiles, todavía hay muchas incógnitas no resueltas sobre cada especie respecto al entorno, la intensidad, la frecuencia, el ritmo, la duracción de la exposición y el estado fisiológico de los animales.

Lo que si reflejan los estudios es que el sonido en las instalaciones debe ser considerado a la hora de diseñar los entornos sonoros, tanto en su valor práctico positivo, como en los efectos adversos que el ruido puede generar.

En un contexto en el que el bienestar animal se está convirtiendo en un criterio cada vez más relevante para la regulación, la certificación y la aceptación social de la acuicultura, la bioacústica aparece como un campo con potencial.

Su ventaja es que podría ofrecer herramientas no invasivas y de bajo coste para modular el ambiente de cultivo. Su principal limitación, por ahora, es que la evidencia todavía no permite convertirla en una recomendación generalizada.

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