Elevar la concentración de los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA en el pienso podría ayudar a mejorar la productividad y reducir la variabilidad de los resultados en las granjas de salmón atlántico. Un estudio realizado con datos comerciales de más de 430 millones de peces relaciona niveles de EPA+DHA superiores al 9 % de los ácidos grasos totales con menor mortalidad, mejor conversión alimenticia y una mayor proporción de salmones de calidad superior.
El trabajo analizó 556 generaciones de salmón producidas en jaulas marinas de distintas regiones de Noruega entre 2013 y 2023. Los investigadores reconstruyeron el historial productivo de los peces y ajustaron las comparaciones considerando variables como el tamaño del smolt, el tiempo en el mar, la alimentación, la exposición ambiental, los tratamientos contra el piojo de mar, la vacunación, las enfermedades y la mortalidad previa.
En comparación con las poblaciones que recibieron menos del 7 % de EPA+DHA, aquellas alimentadas con niveles superiores al 9 % registraron una mortalidad un 8 % menor, que pasó del 13,3 % al 12,2 %. El eFCR disminuyó un 13 %, de 1,26 a 1,10, mientras que la proporción de peces clasificados en la categoría comercial superior aumentó un 2 %. También se observó una reducción del 7 % en las manchas de melanina y del 40 % en las manchas de sangre de los filetes.
Además de los valores medios, el estudio destaca una mayor previsibilidad de los resultados. La variabilidad entre poblaciones se redujo un 50 % en mortalidad, un 27 % en eFCR y un 29 % en calidad de cosecha. Este resultado sugiere que mantener concentraciones elevadas de EPA y DHA podría actuar como una estrategia de gestión del riesgo frente a las diferencias ambientales, sanitarias y operativas existentes entre centros y ciclos productivos.
Los autores modelizaron también un escenario en el que el EPA+DHA aumentaba del 6 % al 10 % mediante aceite de algas. Aunque el cambio elevó ligeramente la huella de carbono del pienso, las mejoras asumidas en supervivencia y conversión redujeron un 17 % la huella de carbono por kilogramo de salmón cosechado y un 15 % la dependencia de aceite procedente de peces forrajeros. El modelo calculó igualmente un retorno económico positivo, condicionado por el precio de los omega-3, el coste del pienso y el valor de mercado del pescado.
Los resultados deben interpretarse con cautela porque proceden de un análisis observacional y no demuestran que el nivel de EPA y DHA sea por sí solo la causa de las mejoras. La base de datos tampoco permitió incorporar de forma armonizada otros componentes nutricionales del pienso y se limitó a la salmonicultura noruega en jaulas marinas. El estudio fue financiado íntegramente por Veramaris, fabricante de aceite de algas, que participó en su diseño, análisis, interpretación y redacción.

