Un nuevo estudio de diez meses en dorada (Sparus aurata), realizado por investigadores del Instituto de Acuicultura Torre de la Sal (IATS-CSIC), aporta una lectura especialmente útil para el sector mediterráneo: las dietas alternativas pueden mantener el rendimiento bajo veranos más cálidos, pero su verdadero valor se entiende cuando se analizan los mecanismos fisiológicos que sostienen esa respuesta.
El reto ya no es solo formular piensos más sostenibles, sino entender qué mecanismos biológicos hacen que funcionen bajo condiciones de cultivo cada vez más variables y exigentes.
Entre mayo de 2022 y febrero de 2023, se alimentaron lotes de doradas juveniles de origen mediterráneo, criadas desde 10-15 gramos en tanques de 3.000 litros, con una dieta comercial de base vegetal; una dieta con proteínas animales procesadas y subproductos de aceite de salmón; y una formulación alternativa con proteína de insecto, biomasa microbiana y aceite de algas.
El ensayo coincidió con uno de los periodos térmicos más cálidos registrados en la serie del centro. Según los autores, las temperaturas en las instalaciones del IATS han aumentado en torno a 0,1 ºC al año durante la última década, con una tendencia aún más marcada en verano.
En ese contexto, la cohorte de 2022 mostró crecimientos entre un 10% y un 15% superiores y ciclos productivos más cortos, especialmente hasta alcanzar tallas de 300 a 350 gramos.
El índice de conversión se mantuvo en torno a 1,23-1,24 y no se observaron alteraciones histológicas relevantes en hígado ni intestino. Es decir, las dietas alternativas funcionaron en términos productivos, ya que no se detectó menor crecimiento, peor conversión ni pérdida de integridad tisular.
Pero el interés del trabajo está precisamente en lo que aparece debajo de esa aparente igualdad productiva. Aunque los peces crecieron de forma parecida, no lo hicieron con la misma estrategia fisiológica.
La dieta alternativa con insectos, biomasa microbiana y aceite de algas se asoció con menores niveles basales de cortisol, una respuesta conductual más proactiva ante un test de confinamiento y una mayor actividad transcripcional intestinal. Esto sugiere una posible mejora de la respuesta frente a estresores habituales de granja, como el manejo, los cambios de densidad o situaciones de presión ambiental.
La dieta basada en proteínas animales procesadas también sostuvo el crecimiento, pero mostró una señal diferente: menor actividad transcripcional en hígado y músculo blanco, lo que los autores interpretan como un posible compromiso metabólico que podría afectar a la capacidad de adaptación al frío.
No es un problema productivo inmediato, pero sí una advertencia importante para ciclos que atraviesan estaciones muy contrastadas.
| Dieta evaluada | Ingredientes clave | Resultado productivo | Respuesta fisiológica observada | Lectura para granja |
|---|---|---|---|---|
| Dieta control | Formulación comercial de base vegetal, con niveles reducidos de harina y aceite de pescado | Crecimiento alto y FCR similar al resto de dietas | Perfil fisiológico de referencia | Sirve como comparación frente a las dietas alternativas actuales |
| Dieta PAP | Proteínas animales procesadas y subproductos de aceite de salmón | Crecimiento comparable a la dieta control | Menor actividad metabólica en hígado y músculo blanco | Puede sostener el rendimiento, pero conviene monitorizar su respuesta durante las fases más frías del ciclo |
| Dieta ALT | Proteína de insecto, biomasa microbiana y aceite de algas | Crecimiento comparable a la dieta control | Menor cortisol basal, respuesta más proactiva al estrés y mayor actividad intestinal | Perfil interesante para robustez, manejo y adaptación al estrés en granja |
La conclusión práctica para los productores es que el crecimiento ya no basta como único criterio para validar una dieta. Dos piensos pueden lograr pesos finales similares y, sin embargo, preparar al pez de manera distinta frente al calor, el invierno, el estrés de manejo o los cambios ambientales bruscos.
El estudio tampoco debe leerse como una invitación a asumir que el calentamiento será positivo para la dorada. Es cierto que temperaturas más altas pueden acelerar el crecimiento y acortar los ciclos productivos, pero también acercan la producción al límite térmico superior de la especie.
En condiciones comerciales, donde intervienen densidad, oxígeno, patógenos, calidad del agua, floraciones algales, episodios extremos y variabilidad entre lotes, esa ventaja puede convertirse en vulnerabilidad si no se acompaña de nutrición adaptativa y monitorización fisiológica.
Para la industria del pienso, el mensaje también es estratégico. Las materias primas alternativas no deberían defenderse solo por su menor dependencia de harina y aceite de pescado, ni por su encaje en una narrativa de economía circular.
Su valor real estará en demostrar, con datos productivos, histológicos, transcriptómicos y comportamentales, que pueden sostener rendimiento, salud intestinal, bienestar, resistencia al estrés y estabilidad productiva bajo condiciones ambientales cada vez menos previsibles.

