En los últimos años, cada mes aparece algún estudio demostrando que una determinada microalga puede sustituir parcial o totalmente la harina o el aceite de pescado en la dieta de una especie sin efectos negativos aparentes sobre el rendimiento productivo o la calidad del pescado.
Lo hemos visto en estudios en dorada, lubina europea y trucha arcoíris, con resultados sólidos para las microalgas Schizochytrium, Nannochloropsis, Tetraselmis, Isochrysis, Chlorella o Phaeodactylum, entre otras.
Los trabajos muestran que estas materias primas pueden incorporarse a los piensos sin comprometer el crecimiento, la salud, la inmunidad o la fisiología de los peces.
Sin embargo, el volumen real de microalgas utilizado hoy en la fabricación mundial de piensos sigue siendo reducido. La razón principal es que la limitación ya no es solo biológica. Es industrial.
El cambio de pregunta científica
Por eso, la pregunta ya no pasa por resolver si el uso de microalgas en los piensos hace crecer los peces, o si estos crecen sanos. Tampoco va de saber si la calidad del filete se resiente. Estas preguntas ya se han respondido de manera satisfactoria.
Ahora la industria necesita respuestas diferentes. Es necesario saber cuánto cuesta realmente producir una tonelada de biomasa. Cuánta energía se requiere. Qué variabilidad existe entre lotes distintos. Cuál es la estabilidad de suministro. Cómo afecta al coste final del pienso y qué nivel de inclusión es realista en una formulación comercial.
Y, sobre todo, cuál es el retorno económico real para el productor.
Por eso, y si la investigación quiere acelerar la adopción industrial de las microalgas, debería concentrarse en ensayos comerciales a escala industrial, estudios de coste-beneficio, análisis de huella energética, comparación directa con otros ingredientes alternativos y evaluación del impacto sobre la rentabilidad de la granja.
No basta con saber si un pez puede crecer con microalgas. Hay que saber si una empresa puede producir, formular, comprar y utilizar microalgas sin perder competitividad.
En definitiva, la investigación necesita acercarse más a la realidad empresarial y analizar cómo estos ingredientes afectan a la rentabilidad final del productor.
La próxima generación de estudios no debería limitarse a demostrar que los peces pueden crecer con microalgas. Debería demostrar si los productores, los fabricantes de pienso y la cadena de suministro pueden crecer con ellas.

