La sostenibilidad de la acuicultura mediterránea podría requerir una nueva generación de indicadores capaces de evaluar no solo la huella ambiental de la producción, sino también sus efectos sobre la biodiversidad, los hábitats marinos y los servicios ecosistémicos. Así lo plantea una revisión publicada en International Journal of Environmental Science and Technology por investigadores de la Universidad de Foggia, el CNR-IRSA de Bari y la Universidad del Molise.
El trabajo analiza cómo se han aplicado durante las últimas décadas dos de las principales herramientas utilizadas para medir la sostenibilidad ambiental de la acuicultura: el Análisis de Ciclo de Vida (Life Cycle Assessment, LCA) y la Evaluación de Servicios Ecosistémicos (Ecosystem Services Assessment, ESA).
Los autores concluyen que ambos enfoques siguen utilizándose de forma mayoritariamente independiente y que esta separación limita la capacidad para comprender el impacto real de la acuicultura sobre los ecosistemas mediterráneos.
La revisión se centra especialmente en la producción de lubina europea (Dicentrarchus labrax) y dorada (Sparus aurata), las dos especies marinas más importantes de la acuicultura mediterránea. Según los autores, los estudios basados en LCA han permitido identificar con bastante precisión los principales puntos críticos ambientales de la producción.
Uno de los resultados más consistentes encontrados en la literatura es que la fabricación y utilización del pienso representa la mayor parte de los impactos ambientales asociados a la producción de peces marinos.
Los autores recuerdan que estudios previos realizados en dorada producida en jaulas offshore estimaron que el pienso podía representar alrededor del 48% del impacto ambiental total, mientras que el consumo de combustible de las embarcaciones suponía aproximadamente un 35%. Las emisiones de nitrógeno y fósforo derivadas del metabolismo de los peces representaban cerca del 12%, mientras que las infraestructuras tenían una contribución relativamente menor.
Resultados obtenidos en el proyecto europeo MedAID, que analizó 27 granjas mediterráneas de lubina y dorada, mostraron además que el consumo de pienso explica aproximadamente el 50% del impacto asociado al cambio climático y que la eutrofización marina aumenta prácticamente de forma lineal con el uso de alimento.
Por ello, mejorar la conversión alimenticia y optimizar las formulaciones de los piensos sigue apareciendo como una de las estrategias más eficaces para reducir la huella ambiental de la acuicultura mediterránea.
Lo que el análisis de ciclo de vida no consigue medir
Sin embargo, los autores advierten de que los sistemas convencionales de evaluación ambiental presentan limitaciones importantes cuando se trata de medir impactos locales sobre los ecosistemas.
Aunque el LCA permite cuantificar emisiones, consumo energético o uso de recursos, tiene dificultades para representar alteraciones bentónicas, pérdida de hábitat, interacciones con poblaciones salvajes, escapes de peces, efectos genéticos o cambios en la biodiversidad. Muchos de estos impactos dependen fuertemente de las características específicas de cada emplazamiento y resultan difíciles de incorporar mediante indicadores estandarizados.
Los investigadores señalan que esta limitación es especialmente relevante en el Mediterráneo, un ecosistema caracterizado por aguas oligotróficas y una elevada sensibilidad a las alteraciones ambientales. En estos contextos, la huella de carbono o los indicadores de eutrofización no siempre reflejan adecuadamente los efectos ecológicos reales de una instalación acuícola.
Para superar estas limitaciones, la revisión propone complementar el análisis de ciclo de vida con metodologías basadas en servicios ecosistémicos.
Este enfoque permite evaluar aspectos como la regulación de nutrientes, la calidad del hábitat, el reciclaje de materia orgánica, la provisión de refugio para determinadas especies o los beneficios culturales y sociales asociados a los ecosistemas costeros.
Los autores plantean dos posibles vías de integración. La primera consiste en realizar evaluaciones paralelas utilizando simultáneamente LCA y ESA para una misma granja. La segunda propone incorporar directamente categorías relacionadas con los servicios ecosistémicos dentro de las metodologías de análisis de ciclo de vida.
Según los investigadores, esta integración permitiría evaluar conjuntamente impactos globales como las emisiones de gases de efecto invernadero y efectos locales relacionados con la biodiversidad o el funcionamiento de los ecosistemas.
El caso italiano: los moluscos como herramienta de mitigación
Uno de los ejemplos destacados en la revisión procede de Italia. Los autores citan los indicadores desarrollados por ISPRA para evaluar los balances de nitrógeno y fósforo en zonas costeras con actividad acuícola.
Los datos muestran que, en regiones como Véneto, Emilia-Romaña, Abruzzo, Molise o Las Marcas la producción de mejillones puede retirar del medio cantidades de nutrientes superiores a las generadas por las granjas de peces. Este resultado refuerza el papel potencial de la mitilicultura como herramienta de mitigación de la eutrofización y como elemento relevante en las evaluaciones de capacidad de carga de las zonas acuícolas.
La revisión también destaca el interés de sistemas como la acuicultura multitrófica integrada (IMTA), donde peces, moluscos y algas pueden contribuir a reciclar nutrientes y generar servicios ecosistémicos adicionales.
Hacia una evaluación más completa de la sostenibilidad
Los autores concluyen que la sostenibilidad futura de la acuicultura mediterránea no podrá evaluarse únicamente mediante indicadores tradicionales de emisiones o consumo de recursos.
Para valorar de forma más realista una explotación de dorada o lubina será necesario incorporar factores como la capacidad de carga del área, los impactos sobre la biodiversidad, los servicios ecosistémicos generados o comprometidos y las características ambientales específicas de cada emplazamiento.
En su opinión, la integración entre LCA y ESA representa una de las vías más prometedoras para desarrollar sistemas de evaluación más completos y adaptados a los retos de una acuicultura mediterránea que seguirá creciendo en los próximos años.
Referencia
Munir M, Giordano R, Russo C, Cappelletti GM (2026). Biodiversity impacts of Mediterranean finfish aquaculture: integrating life cycle and ecosystem services assessments. International Journal of Environmental Science and Technology, 23:471. DOI: 10.1007/s13762-026-07285-z.

