BIOTECNOLOGÍA | SANIDAD ANIMAL

Una bacteria alimentaria abre una vía no OGM para administrar antígenos a los langostinos

Tailandia, 3/08/2026 |

Langostino patiblanco tropical - vannamei

Utilizar bacterias acido – lácticas presentes en la alimentación como vehículos para transportar antígenos representa una estrategia emergente para desarrollar soluciones preventivas en la acuicultura de crustáceos.

Esta estrategia se ha evaluado frente al virus del síndrome de la mancha blanca en langostino blanco, uno de los patógenos de mayor impacto para la producción mundial de langostino.

La principal diferencia de la tecnología consiste en emplear Pediococcus pentosaceus, una bacteria ácido-láctica de grado alimentario, como soporte de la proteína VP28 de la envoltura viral.

La proteína se produce aparte con un dominio de anclaje que se une de forma espontánea al peptidoglicano de la pared bacteriana, recubriendo la bacteria con el antígeno sin modificarla genéticamente.

Este planteamiento podría reducir algunas de las dificultades regulatorias y ambientales asociadas al uso de microorganismos recombinantes en estanques y sistemas acuícolas abiertos.

Otras plataformas han empleado levaduras, esporas bacterianas o vectores modificados para producir o presentar VP28. En este caso, la inmovilización externa permite conservar la función transportadora del microorganismo sin liberar en el medio de cultivo una bacteria OGM.

Para comprobar su viabilidad, los investigadores administraron durante siete días a juveniles de Penaeus vannamei un pienso recubierto con la bacteria portadora del antígeno.

Tras la exposición experimental al virus, la mortalidad acumulada al séptimo día fue del 17,5% en el grupo tratado, frente al 80% del control, lo que representó una supervivencia relativa del 76,25%. Los supervivientes también presentaron menor carga viral y daños tisulares menos intensos.

Los resultados constituyen una prueba de concepto, pero todavía no permiten considerar el sistema una vacuna preparada para su aplicación comercial.

La protección disminuyó después del séptimo día y el estudio no determinó cuánto tiempo permanecían la bacteria y el antígeno en el aparato digestivo.

También falta comprobar su resistencia durante la fabricación y el almacenamiento del pienso, su estabilidad frente al pH y las enzimas digestivas y la necesidad de administraciones continuas o dosis de refuerzo.

El interés de la estrategia va más allá de la mancha blanca. Su diseño modular permitiría, en principio, cambiar el antígeno, la bacteria portadora o ambos para explorar aplicaciones frente a otros patógenos y especies acuícolas.

Si consigue demostrar una protección suficientemente duradera, estabilidad industrial y viabilidad económica, el uso de bacterias alimentarias como plataformas no OGM podría facilitar la incorporación de medidas preventivas directamente en las rutinas de alimentación de los crustáceos.

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