Reducir el uso de aceite de pescado durante buena parte del engorde no implica necesariamente renunciar al contenido de omega‑3 del producto final. Así lo considera el investigador Sadasivam Kaushik, del Instituto Ecoaqua de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y del INRA, en Saint-Pée-sur-Nivelle (Francia), y Douglas R. Tocher, del Instituto de Biología Marina de la Universidad de Shantou y del Laboratorio Provincial Clave de Biotecnología y Biología Marina de Guangdong (China).
En una revisión, publicada en Reviews in Aquaculture, los autores recogen estudios en los que se emplean dietas de acabado para modificar el perfil de ácidos grasos del filete antes del sacrificio.
La estrategia consiste en criar los peces con piensos que contienen menos aceite de pescado —o más aceites vegetales— y suministrar después una dieta con mayor contenido de omega‑3 de cadena larga, como EPA y DHA.
Los autores señalan que este método se ha estudiado en varias especies, entre ellas la dorada (Sparus aurata) y la lubina europea (Dicentrarchus labrax).
Por su menor contenido graso en el músculo, el periodo necesario para ajustar el perfil del filete en estas especies marinas podría ser de unas seis semanas. En salmón, la revisión recoge periodos más largos, de tres a seis meses, según el tamaño del pez, su contenido graso y el grado de sustitución del aceite de pescado.
La duración no es una pauta universal. Depende de la composición inicial del filete y del nivel de omega‑3 que se quiera alcanzar.
Además, los autores advierten de una dificultad para llevar el método a las condiciones comerciales: las cosechas de una misma unidad pueden extenderse durante meses, lo que complica establecer y controlar una ventana de acabado común.
EPA y DHA son cada vez un recurso más limitado
La revisión sitúa esta estrategia en el contexto de la disponibilidad de EPA y DHA. Según los datos que recoge, la producción mundial de aceite de pescado se mantiene por debajo de un millón de toneladas al año y alrededor del 65% del suministro se destinó a piensos acuícolas en 2024.
El trabajo analiza también fuentes alternativas de estos ácidos grasos, como los aceites de microalgas, así como la selección genética de peces con mayor capacidad para producirlos o retenerlos.
Los autores señalan que los aceites de microalgas ya se utilizan en piensos y pueden aportar EPA y DHA, aunque las estimaciones sobre sus volúmenes de producción deben interpretarse con cautela por las diferencias metodológicas y la limitada disponibilidad de datos.
La revisión no aporta un nuevo ensayo comercial ni demuestra que la dieta de acabado reduzca en un 50% el uso de aceite de pescado en dorada o lubina.
Esa cifra se refiere a estudios en salmón. Su principal aportación para la acuicultura mediterránea es identificar una vía para gestionar el equilibrio entre la formulación del pienso y el valor nutricional del filete, cuya viabilidad dependerá de los costes, la respuesta de cada especie y la organización de las cosechas.
Referencia científica: Kaushik, S. y Tocher, D. R. (2027). “Securing Long-Chain Omega-3 Fatty Acid Supply for Sustainable Aquaculture Development and Human Nutrition”. Reviews in Aquaculture, 19, e70223. https://doi.org/10.1111/raq.70223

