OPINIÓN

España necesita un PERTE de acuicultura para reducir la dependencia del exterior

En España se dan todas las circunstancias para producir mucho más pescado de acuicultura que el que se produce actualmente

El día que Noruega no cuente con el petróleo como principal fuente de divisas para el país habrá avanzado en un recurso mucho más sostenible y renovable: la producción y exportación de pescado de acuicultura, con el salmón Atlántico como máximo estandarte y, con España deficitaria en pescado, como uno de sus principales clientes.

Noruega se ha convertido en el segundo mayor exportador de pescado y marisco del mundo para consumo humano directo, con ventas en 150 países, siendo España uno de sus principales mercados, con 1,3 millones de comidas que tuvieron sus productos del mar como ingrediente principal.

Las ventas de pescado noruego se han disparado un 37,5% en España en el primer trimestre del año, alcanzando un valor de 190 millones de euros, una cifra récord.

El Consejo de Productos del Mar de Noruega aporta estos datos y anticipa que habrá un “boom” de consumo de sus productos estos días coincidiendo con la tradición cristiana de consumir “platos de vigilia” en Cuaresma y Semana Santa.

De todos los productos que exporta Noruega a nuestro país, el salmón Atlántico de acuicultura es el más popular y extendido. Durante el primer trimestre, según las cifras aportadas por Productos del Mar de Noruega se enviaron a España 24 112 toneladas de salmón que alcanzaron un valor de 168 millones de euros, con un crecimiento de 35,5% interanual. Esta cifra, por ejemplo, supera toda la lubina que las granjas de nuestro país son capaces de producir en un año.

Grecia y Turquía son también proveedores preferentes en la venta de pescados como la dorada, la lubina y la corvina, especies que se cultivan en nuestro país y que podrían cultivarse en mayor cantidad.

 

En España se dan todas las circunstancias para producir mucho más pescado de acuicultura que el que se produce actualmente.

Tenemos las condiciones, los profesionales y las empresas dispuestas a apostar por este sector. Sin embargo, falta la visión y la ambición de poner a funcionar la maquinaria administrativa a todos los niveles: nacional, regional y local, para que aumenten los volúmenes de pescado y marisco producidos.

Una guerra avisada desde 2014 como la de Rusia contra Ucrania ha puesto patas arriba el nuevo orden mundial, enfrentando a Europa, y a España en particular, ante un espejo en el que se nota el infantilismo de las políticas que se han venido llevando, la falta de liderazgo internacional y la total dependencia alimentaria a terceros países.

Hace unos días Pedro Sánchez anunció un Perte (Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica) sobre microchips y semiconductores dotado con 11.000 millones de inversión pública con el objetivo de “situar a España a la vanguardia del progreso industrial dentro del contexto de transformación digital”. Sánchez aseguró que “nuestro país no va a perder la carrera de la tecnología”.

Esperemos que reaccionen también de manera positiva en el Gobierno, destraben todas las concesiones de la costa y podamos mejorar la capacidad de poder ser autosuficientes en el consumo de pescado y marisco. De momento, sí estamos perdiendo, y por goleada, esta carrera.