La reproducción continúa siendo uno de los principales obstáculos para consolidar el cultivo del lenguado senegalés, Solea senegalensis. Los machos nacidos y criados en cautividad alcanzan la madurez sexual, pero generalmente no desarrollan el comportamiento de cortejo necesario para conseguir puestas espontáneas y fecundadas.
Esta disfunción se ha relacionado tradicionalmente con una serie de factores como la ausencia de un comportamiento de cortejo normal, alteraciones en la comunicación química y neuroendocrina, niveles reducidos de testosterona y prostaglandinas y posibles efectos del estrés prolongado en cautividad, una menor producción de esperma, una concentración reducida de espermátidas maduras y alteraciones en la comunicación celular dentro de los testículos.
Sin embargo, las dificultades reproductivas podrían comenzar antes de que intervengan directamente las gónadas.
En los peces, el olfato permite detectar en el agua sustancias liberadas por otros individuos, entre ellas esteroides, prostaglandinas y compuestos con funciones similares a las feromonas. Estas señales ayudan a reconocer a una pareja reproductiva, sincronizar la maduración y activar el comportamiento de cortejo.
Un análisis transcriptómico de las estructuras olfativas del lenguado senegalés muestra que los peces nacidos en cautividad presentan una organización molecular diferente a la de los ejemplares de origen silvestre.
El trabajo analizó las dos rosetas olfativas de doce peces adultos —machos y hembras de ambos orígenes— e identificó 15.306 genes activos, incluidos 404 genes de receptores olfativos.
Dos órganos olfativos con funciones diferentes
La anatomía asimétrica de los peces planos hace que sus dos rosetas olfativas estén expuestas a ambientes distintos. La superior está en contacto con la columna de agua y parece especialmente relacionada con la comunicación social y reproductiva. La inferior se encuentra más próxima al fondo y estaría más orientada hacia la detección de alimento y señales procedentes del sustrato.
El estudio confirma una marcada especialización molecular entre ambas estructuras. Los receptores denominados OR, capaces de participar en la detección de esteroides, prostaglandinas y otras señales reproductivas, aparecieron principalmente asociados a la roseta superior y a los machos. Otros receptores, como los TAAR, fueron más abundantes en la roseta inferior y en las hembras.
La diferencia más relevante para la producción acuícola apareció al comparar los peces según su origen. Los ejemplares nacidos en cautividad mostraron perfiles de expresión mucho más parecidos entre las dos rosetas y entre machos y hembras. Los peces de origen silvestre, por el contrario, conservaron una diferenciación olfativa considerablemente mayor.
Esta menor diversidad transcriptómica sugiere que crecer durante toda la vida en un ambiente homogéneo puede limitar la plasticidad del sistema sensorial. Aunque los ejemplares silvestres llevaban más de cinco años mantenidos en cautividad antes del muestreo, todavía conservaban parte de la firma molecular asociada a su historia ambiental inicial.
Percibir la señal puede ser tan importante como producirla
En los machos de origen silvestre se observó una mayor expresión de genes relacionados con la recepción hormonal, la actividad de los receptores olfativos y la señalización neuroendocrina. Entre ellos aparecen receptores de prostaglandinas y andrógenos, además de genes vinculados al comportamiento social.
Los machos nacidos en cautividad mostraron, en cambio, una mayor actividad de genes relacionados con la síntesis local de esteroides y prostaglandinas, junto con rutas vinculadas a la respuesta al estrés. Los investigadores interpretan que este patrón podría reflejar un mecanismo compensatorio o una regulación neuroendocrina alterada.
La hipótesis es que el problema reproductivo no dependa únicamente de que el macho produzca menos hormonas o gametos de menor calidad. También podría existir una menor capacidad para detectar las señales químicas emitidas por las hembras, procesarlas correctamente y convertirlas en una respuesta de cortejo.
Esto ayudaría a explicar por qué algunos machos alcanzan la madurez gonadal pero no desarrollan una conducta reproductiva funcional. El sistema formado por olfato, cerebro, hormonas y comportamiento podría estar desacoplado, aunque el estudio no demuestra todavía una relación causal directa.
Del diagnóstico molecular al manejo de reproductores
Los resultados abren una línea de trabajo centrada en el ambiente durante las primeras etapas de desarrollo. Sistemas con mayor complejidad física, química o social podrían favorecer la maduración de los circuitos sensoriales y conservar una mayor plasticidad olfativa.
Antes de trasladar esta hipótesis a las granjas será necesario comprobar cómo responden los machos a prostaglandinas y otras señales reproductivas, relacionar la expresión genética con pruebas olfativas y de comportamiento, analizar los perfiles hormonales y estudiar posibles mecanismos epigenéticos.
También será importante determinar si el enriquecimiento ambiental produce efectos duraderos y si puede mejorar posteriormente la calidad del cortejo, la producción espermática o la fertilización.
La principal enseñanza para la acuicultura es que resolver la disfunción reproductiva del lenguado senegalés probablemente requerirá algo más que intervenir sobre las gónadas o aplicar tratamientos hormonales. La historia ambiental de los reproductores y el desarrollo de sus sistemas sensoriales también pueden condicionar su capacidad para reconocer una pareja y completar el proceso reproductivo.

