La acuicultura andaluza de dorada y lubina ha seguido dos trayectorias claramente divergentes durante la última década. Mientras la lubina ha aumentado su producción hasta convertirse en el principal motor económico del engorde de peces marinos en la comunidad autónoma, la dorada permanece estabilizada en volúmenes muy inferiores a los que alcanzó en el pasado.
Los indicadores adelantados de 2025 sitúan la producción andaluza de lubina en 8.372 toneladas, el mayor volumen registrado hasta ahora, con un valor económico de 82,7 millones de euros. Esta especie representa ya alrededor del 73% del volumen total producido en la fase de engorde, reflejo de la fuerte especialización que han alcanzado las empresas andaluzas.
La comparación con 2013 permite dimensionar la transformación. Aquel año se produjeron 3.554 toneladas de lubina, valoradas en 24,7 millones de euros. En doce años, el volumen se ha más que duplicado y el valor generado se ha multiplicado por más de tres, pese a las oscilaciones observadas durante el periodo.
La evolución no ha sido lineal. La lubina registró máximos parciales en 2016, con 5.688 toneladas; en 2019, con 6.484 toneladas; y en 2021, con 7.294 toneladas. También sufrió retrocesos puntuales, especialmente en 2017 y 2020. Sin embargo, la tendencia de fondo ha sido claramente ascendente y culmina en 2025 con un nuevo récord productivo y económico.
La dorada presenta una situación muy distinta. Los indicadores de 2025 apuntan a una producción de apenas 806,3 toneladas, valoradas en 8,5 millones de euros. Su participación se reduce así a alrededor del 7% del volumen total de engorde, muy lejos del protagonismo que tuvo esta especie en etapas anteriores.
En 2013, Andalucía todavía producía 1.828 toneladas de dorada, con un valor de 9,1 millones de euros. Desde entonces, la producción fue descendiendo hasta alcanzar un mínimo de 763 toneladas en 2018. A partir de ese momento se ha mantenido generalmente dentro de una franja de entre 790 y 960 toneladas anuales, una estabilidad que parece responder más a la consolidación de un nivel bajo que a una recuperación productiva.
Gráfica de volumen de producción de dorada y lubina
La pérdida de peso resulta todavía más evidente al ampliar la perspectiva histórica. La producción andaluza de dorada llegó a superar las 4.200 toneladas en el año 2000. Un cuarto de siglo después, su volumen representa menos de una quinta parte de aquel máximo, mientras que su valor económico en 2025 continúa por debajo del obtenido en 2013.
La brecha entre ambas especies también se observa en la fase de preengorde o nursery. En 2014, la dorada representaba alrededor del 47% de los juveniles producidos en Andalucía, frente al 39% correspondiente a la lubina. En 2025, la relación se ha invertido: la lubina concentra el 58,56% de las unidades, con más de diez millones de ejemplares, mientras que la dorada representa el 37,18%.
Este cambio en los juveniles anticipa que la especialización en lubina podría mantenerse durante los próximos ciclos productivos. La estructura de la fase de cría no solo refleja lo que se produce actualmente, sino también hacia dónde están orientando las empresas sus capacidades, instalaciones y planes de engorde.
Los datos muestran, por tanto, una transformación estructural y no una simple fluctuación anual. La lubina genera actualmente casi diez veces más ingresos que la dorada y sostiene buena parte del crecimiento económico del engorde de peces marinos en Andalucía. La dorada, por el contrario, ha quedado relegada a una producción complementaria que no consigue recuperar sus volúmenes históricos.
Esta concentración permite aprovechar la experiencia productiva acumulada en lubina, pero también incrementa la dependencia de una sola especie y la exposición a sus condiciones de mercado, costes, riesgos sanitarios y competencia exterior. La cuestión estratégica para el sector andaluz será determinar si esta especialización constituye su modelo productivo definitivo o si todavía existe margen para recuperar la competitividad de la dorada.

