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Menos anchoveta en Perú: qué opciones tiene ahora la acuicultura

Global, 24/08/2026 | El cierre de la primera temporada peruana con apenas una cuarta parte de la cuota capturada no es un simple dato de pesca: es una señal de alarma para toda la cadena de la acuicultura, que ve estrecharse el acceso a dos de sus insumos más difíciles de sustituir

Barcos de pesca de anchoveta

Perú cerró oficialmente la primera temporada de pesca de anchoveta de 2026 en la zona norte-centro con 471.111 toneladas desembarcadas, el 24,61 % de una cuota de 1,914 millones de toneladas. Detrás de la cifra hay una decisión deliberada: la elevada presencia de juveniles, el avance reproductivo y la baja condición corporal de la anchoveta llevaron a las autoridades a priorizar el reclutamiento frente a la captura.

Para la acuicultura, la lectura es directa: menos harina y aceite de pescado procedentes de uno de sus principales orígenes mundiales.

Pero el problema no es solo de volumen. La harina puede sustituirse parcialmente —concentrados vegetales, proteínas animales transformadas, insectos, biomasa microbiana— siempre que se equilibren digestibilidad, aminoácidos, palatabilidad y factores antinutricionales. El aceite es harina de otro costal: aporta EPA y DHA, omega-3 que los aceites vegetales convencionales no replican. Una oferta más ajustada implica, inevitablemente, más costes y reformulaciones, sobre todo en peces marinos, reproductores y fases iniciales.

¿Cómo responde el sector? Por tres vías que ya se perfilan como estrategia, no como parche.

La primera es la asignación selectiva: reservar los ingredientes marinos para donde generan más valor —larvas, reproductores, fases exigentes— mientras otras etapas asumen fórmulas con menor inclusión, y las dietas de acabado recuperan EPA y DHA antes de la cosecha. Se abandona así el reparto uniforme durante todo el ciclo.

La segunda es la combinación de fuentes frente al sustituto único: proteínas vegetales, coproductos pesqueros, proteínas animales, insectos y microorganismos se complementan, mientras los aceites de microalgas emergen como vía directa de omega-3, a condición de que crezca la capacidad industrial, baje el coste y se estabilice el suministro.

La tercera es exprimir mejor lo que ya existe: más aprovechamiento de recortes y vísceras del procesado pesquero, y mejor conversión alimenticia vía genética, manejo y alimentación de precisión. La eficiencia se convierte, de facto, en seguridad de suministro.

El cierre peruano no deja a la acuicultura sin pienso, pero sí desnuda su dependencia de una materia prima expuesta a vaivenes ambientales y biológicos. La respuesta pasa por formulaciones flexibles, omega-3 alternativo, subproductos, proveedores diversificados y un uso más quirúrgico de los ingredientes marinos.

No se trata de prescindir de la harina y el aceite de pescado, sino de reservarlos para donde nada más puede reemplazarlos.

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