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EMPRESAS - CALIDAD destacados

La Piscifactoría del Alba obtiene la primera ISO 22000 de seguridad alimentaria en la acuicultura continental

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Dos años de cambios y trámites, toda una plantilla implicada y un objetivo claro en el horizonte: alcanzar la excelencia en seguridad alimentaria. Esta filosofía es la que ha inspirado a la Piscifactoría del Alba en el proceso de certificación que les ha permitido obtener la primera certificación ISO 22000:2005, pionero en la piscicultura continental.

La empresa comenzó el procedimiento en 2009 de la mano de una consultoría que les ha guiado en los pasos a desarrollar y los requisitos y sistemas necesarios para conseguir esta calificación normativa. "Es un proceso largo y costoso, no solo porque hay que invertir dinero, sino porque son tantísimos requisitos que se tarda meses y meses", según explica la gerente de la piscifactoría, Cristina Cabero, una de las pocas representantes femeninas en este sector.

La sección de la actividad que ha obtenido la ISO es el procesado (engorde final y venta), la tercera rama que desarrollan junto al alevinaje y el preengorde, y, concretamente, la elaboración de trucha entera o eviscerada, así como de filetes, tanto en modalidad refrigerada como congelada.

Cabero destaca la dificultar de certificar la seguridad alimentaria en comparación con la calidad, ya que los parámetros que se deben cumplir y las exigencias de registro de datos y analíticas mensuales son "mucho más complicados". Así, la instalación ha debido controlar durante todo el proceso las mediciones de microbiología, metales pesados; ha debido ajustarse a límites de bacterias, dioxinas, estreptococos… y ha implantado unas pautas de manipulación del producto que llegan hasta la prohibición de emplear suavizante en el lavado de la ropa de trabajo, según detalla la gerente para remarcar la profusión de estudios y adaptación de comportamientos que han asumido en los últimos dos años de implantación.



La participación de toda la plantilla ha sido fundamental: "Ha sido necesario cambiar la mentalidad de todos y es importante que exista la misma implicación, aunque yo sea la que marque cómo deben hacerse las cosas".

Este esfuerzo conjunto y de más de dos años dio sus frutos en otoño. En octubre superaron la primera auditoría, en diciembre recibieron la notificación de la concesión de la ISO y desde el pasado mes de febrero cuentan con la certificación oficial, denominada "Sistemas de Gestión de la Inocuidad de los Alimentos".

Así han culminado un proceso que tenían "en mente desde siempre" y que finalmente se inició en respuesta a un cliente dedicado a la alimentación infantil. "Como madre y como ama de casa me surgió la inquietud de la seguridad alimentaria ya hace años, pero lo aceleramos para tener una consideración con un cliente que nos mima".

El esfuerzo ha tardado poco en dar sus frutos. Gracias a la certificación, la piscifactoría ha conseguido un nuevo contrato de suministro en Europa con una empresa que requería "alguna norma" y la ISO 22000 ha superado con creces sus expectativas, según relata la gerente.

A su juicio, la adaptación de la actividad a estándares de calidad y la diferenciación por la calidad constituyen "la única forma de vender hoy en día, de desmarcarte y de poder llegar a mercados a los que, de otra forma, sería imposible acceder". La piscifactoría, creada en 1959 y considerada la segunda más antigua de España, ha dado así un salto cualitativo que le permite afrontar con optimismo esta época de incertidumbre y el futuro después de más de 50 años de actividad y tres generaciones de propietarios. "No nos podemos quejar", concluye Cabero.

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