Durante la Asamblea General celebrada en Madrid por APROMAR el pasado martes, la patronal acuícola ha puesto de manifiesto su interés firme y decidido por poner en marcha el Centro Experimental Marino de Acuicultura (CEMA). Para ello, destinó una buena una parte del encuentro a argumentar el porqué de la necesidad de poner en marcha este modelo privado de investigación y desarrollo y qué beneficios puede aportar al sector.
A pesar que la investigación pública ha contribuido al desarrollo de la acuicultura en el amplio sentido, no es menos cierto que desde hace bastante tiempo el sector de la dorada y la lubina, las principales especies producidas en España y en el Mediterráneo, se sienten excluidas de la investigación que se viene desarrollando en los distintos centros experimentales públicos del país.
La desafección entre industria e investigación pública no es nueva. Ha sido un clásico en los debates de los últimos Congresos Nacionales de Acuicultura, lo será seguramente en el XV CNA que se celebrará en octubre en Huelva.
Gustavo Larrazábal lidera la puesta en marcha del CEMA
Este texto ha sido revisado el 21/05/2015 a las 12:05 pm
Gustavo Larrazábal, directivo de APROMAR y presidente Plataforma Tecnológica Europea de Innovación en Acuicultura (EATiP) está impulsando este nuevo proyecto de los productores. En su opinión, los proyectos deben estar liderados por los técnicos de las empresas, ya que hay que hacer algo para mejorar el enfoque de la investigación, "aunque contando con los investigadores".
Por ello abogó por "cambiar la dirección efectiva de los proyectos. Que los diseñen y dirijan los técnicos de nuestras empresas y no los investigadores. Nosotros seguiremos utilizando a los investigadores. A los mejores. A los mismos. No a otros. Y seguiremos colaborando con ellos", añadió.
Cuando esto no ha sido así "los resultados no han sido todo lo útiles para el desarrollo sectorial que deberían", y esto, señaló el empresario, ha producido que se haya "dilapidado mucho dinero". Como ejemplo en este sentido puso el proyecto Finefish, el cual fue idea del empresario y finalmente fue ejecutado por investigadores con resultados poco satisfactorios para la industria.
Lo que queremos, señaló Larrazábal es, "alinear los caballos" y "consensuar los esfuerzos".
Gustavo Larrazábal fue muy crítico con el sistema de adjudicación de los proyectos. Pues "no se toman en cuenta las necesidades empresariales. Lo deciden personas que no están en el mundo de la acuicultura real, las que produce pescado y mariscos y están en el mundo de la acuicultura de papel. Eso si que hay que cambiarlo".
Por ello defendió el papel de la EATIP, "que creó una Vision Estratégica y una Agenda de investigación e innovación consensuada entre todos. Pero para conseguir ese consenso la Comisión Europea con mucho criterio exige que la plataforma este liderada por la industria. Y es algo que considero logrado".
Ahora, a través del CEMA se abre una nueva vía para recuperar el tiempo perdido. Para ello, la idea es crear una entidad con personalidad jurídica propia, constituida por empresas, y con una estructura organizativa mínima.
Más adelante, la aspiración de este proyecto es llegar a ser capaz de contar con infraestructuras nuevas, no existentes y que permitan la experimentación a escala industrial con viveros flotantes destinados a la finalidad investigadora.
Para el resto de pruebas que puedan surgir, la idea es contar con las infraestructuras existentes, con ánimo integrador y contando con los mejores investigadores de cada área, según fue expuesto durante la presentación del proyecto.
Cetga y CTAQUA como organismos de apoyo de CEMA
Galicia destacó hace ya algunos años con la puesta en marcha del Clúster de Acuicultura (Cetga) con la vocación de enfocar mejor las investigaciones, "lo cual ha sido un éxito"; y años después, en Andalucía se hizo lo propio con el Centro Tecnológico de Acuicultura (CTAQUA). Dos instituciones dedicadas a la investigación en acuicultura, de carácter privado, y que apoyarán a CEMA.
Pero, ¿cómo debe plantearse la investigación que realice el CEMA ante la idea de que ésta debe ser aplicada a los intereses del sector y lo más cercana al ámbito industrial?.
En este sentido, como comentó durante la jornada Juan Manuel García de Lomas, gerente de CTAQUA, el factor escala es el más importante a tener en cuenta. Por eso, CEMA debe aspirar a tener a su cargo una instalación de viveros flotantes donde se recreen las condiciones reales de una instalación de acuicultura. La escala industrial es la deseable para obtener los resultados más reales. Sin embargo, añade, “supone mayores costes” y por lo tanto deben realizarse las pruebas que demanden este tipo de escala. Para el resto de pruebas experimentales que no necesiten esta dimensión, se deberán emplear y utilizar infraestructuras ya creadas.
Otro aspecto a tener en cuenta, destacó García de Lomas, es que dependiendo de lo que se quiera estudiar será necesario contar con sistemas de alimentación convencionales y que funcionen en instalaciones reales, con un buen sistema control de la alimentación llegado el caso, y capacidad de control remoto de las mismas.
“En definitiva, una situación que recree operaciones similares a las que se realizan en una instalación real de acuicultura”, señaló.
Además, las empresas deben poder participar en las líneas de investigación, los proyectos deben ser de aplicación práctica y éstas deben justificar su rentabilidad económica.
Por su parte, Santiago Cabaleiro, director del CETGA, basó su intervención en desgranar las necesidades que comparten todas las especies de investigación aplicada dirigida a mejorar el rendimiento de la producción.
En este sentido, el directivo de Cetga destacó que la dorada y la lubina comparten los mismos problemas que los peces planos con los que trabajan ellos, y que son el rodaballo y el lenguado.
Por ello, abogó por potenciar la investigación que permita reducir el índice de conversión (IC) y el ratio específico de crecimiento (SGR, siglas en inglés). Desde el punto de vista operativo, según los cálculos de Santiago Cabaleiro, la mejora de cada punto porcentual de IC representa un ahorro de 1 millón de euros para el sector de la dorada y la lubina; mientras que la reducción de un punto porcentual de SGR reduce los costes en 500.000 euros en la producción de estas especies.
Otros esfuerzos investigadores deben ir destinados a incorporar nuevas materias primas, registrar nuevos fármacos, identificar y autorizar nuevos biocidas y diseñar vacunas.
Además, la selección genética debe ser la “gran apuesta del sector”. Los trabajos son caros, pero los resultados son horizontales y todos usamos los mismos modelos para las distintas especies, “y todo lo invertido es rápidamente aplicable a las demás especies”, señaló.
