Un estudio llevado a cabo por el Centro Tecnológico de Miranda de Ebro (CTME) ha cuantificado las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al sector de la acuicultura continental. Para llevar a cabo este trabajo han tomado como caso práctico la trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss) criada en piscifactoría, que representa una producción importante en Castilla y León.
Según indican desde el CTME, la realización de este estudio ha permitido no sólo conocer las limitaciones metodológicas emergentes en la cuantificación de estas emisiones, sino también conocer la huella de carbono de estos productos. Todo ello hace posible identificar las medidas potenciales que deben seguir piscicultores y productores de piensos para poder reducirlas y comunicar sus resultados.
En el estudio han participado dos importantes empresas del sector. Por un lado IPEASA, productor de trucha arcoíris, y por otro Skretting, un importante fabricante de alimento para peces con fábrica en la citada Comunidad Autónoma. Según indican desde CTME, la participación de ambas empresas ha sido importante para la fiabilidad del estudio, ya que ha permitido la recopilación de los datos de primera mano.
La metodología
Para la cuantificación de las emisiones de gases de efecto invernadero (medidos en Kg. CO2 equivalentes), los técnicos del CTME han tomado como referencia la norma PAS 2050 (BSI 2008). Esta normativa establece criterios y requerimientos específicos para la evaluación de las emisiones de GEI del ciclo de vida para cualquier producto o servicio.
Mientras que el Análisis del Ciclo de Vida (ACV), estandarizado a través de la serie de normas ISO 14.040 e ISO 14.044, ha sido la herramienta utilizada para cuantificar el uso de recursos y las salidas de residuos y emisiones asociadas con cada etapa del ciclo de vida de la trucha arcoíris, desde la producción de huevos y cría de alevines, la fase de engorde hasta el sacrificio, el procesado y la disposición final del producto.
Tal y como indican en sus referencias, numerosos estudios (Pelletier, 2006; Pelletier y Tyedmers, 2007) han posicionado a los fabricantes de pienso como un factor clave en la reducción de gases efecto invernadero (GEI) de la cadena de valor de especies como la trucha o el salmón.
En base a este punto, añaden, se ha tenido que contar con un fabricante de alimentos para trucha, con el fin de analizar la huella de carbono de los diversos piensos que entrarán a formar parte de la cadena de valor.
Por otra parte, todas las entradas y salidas recogidas en el inventario están referidas a una unidad funcional, que en este caso, ha sido “un kilogramo de trucha viva con diferentes aplicaciones: trucha sacrificada y procesada, y trucha viva destinada a la repoblación. La unidad funcional del sistema productivo de los piensos ha sido 1 kilogramo de pienso incluido en el envase”.
La Figura muestra los límites del sistema que determinan qué procesos unitarios se incluyen en el ACV. El sistema productivo de la trucha incluye todas las fases desde la producción de los huevos hasta el transporte del producto final a primera plataforma de distribución. Para incluir la alimentación se ha analizado el ciclo de vida de los diversos piensos que ingiere el animal, desde la obtención y producción de las materias primas, el procesado de las mismas y su distribución a piscifactoría, incluyendo todos los posibles transportes intermedios.
Los ingredientes con los que se fabrica el pienso, también varía a lo largo de un año, en función de la disponibilidad y precio de las materias primas con las que se cuentan. Esto, añaden, supone variaciones en la huella de carbono del pienso.
Conclusiones
Una vez analizado todos los flujos de entrada y salida, el caso de la trucha arcoíris dio como resultado una huella de carbono de 4,81 kg de CO2e/kg para trucha viva y de 5,07 de CO2e/kg para trucha procesada.
Comparativamente, según señalan desde CTME, estos resultados posicionan a la trucha arcoíris en mejor lugar respecto a otros productos de origen animal como podría ser la carne de ternera (18 kg de CO2e/Kg de producto), de cerdo (de cerdo (14 kg de CO2e/kg de producto) o el caso de la carne de pollo (en torno a 8 kg de CO2e/kg de producto), basándose en datos de Hans Block (2009).
Por su parte, los piensos suponen el 80 por ciento de la huella de carbono en la producción de trucha, lo que los coloca como el principal factor a tener en cuenta a la hora de reducir las citadas emisiones.
En definitiva, para poder hacer un análisis más exhaustivo sobre la procedencia de las materias primas vegetales y qué suelo se utilizó para su cultivo, la propuesta de los técnicos es contar con datos de calidad en relación cercana con los participantes de la cadena de valor.
Referencias bibliográficas utilizadas por CTME:
PELLETIER, N. (2006) Life cycle measures of biophysical sustainability in feed production for conventional and organic salmon aquaculture in the northeast pacific. Dalhousie University, Halifax, Nueva Escocia.
PELLETIER, N. TYEDMERS, P. (2007) Feeding Farmed Salmon: Is organic better? Aquaculture, 272: 399-416.
BSI 2008. PAS 2050. Specification for the assessment of the life cycle greenhouse gas emissions of goods and services. British Standards Institution (BSI).BLONK, (2009) Towards a tool for assessing carbon footprint of animal feed. Blonk Milieu Advies, Gouda.
FAO, (2012) El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2012. Departamento de Pesca y Acuicultura de la FAO (ORGANIZACIO´N DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA AGRICULTURA Y LA ALIMENTACIO´N), Roma.
