Eloy Meseguer Grupo Dibaq /misPeces
Hace ya una década desde que “sembré” los primeros alevines de corvina (Argyrosomus regius), cuando se presentaba como una flamante nueva especie y algunos apuntaban a que estábamos ante el “salmón del Mediterráneo”.
Aunque con el paso del tiempo, la domesticación de la especie se ha ido dando en mayor o menor medida, 14 años después algunas empresas se encuentran en una encrucijada ante la que no saben qué hacer: Seguir adelante con la especie o dejarla. ¿Por qué estamos en esta situación? ¿Por qué no tenemos el deseado salmón del Mediterráneo?
A lo largo de este artículo vamos a repasar algunos aspectos que marcan la singularidad de esta especie. La vamos a comparar con lo que sabemos de la dorada y la lubina, y vamos a remarcar las diferencias con estas especies tradicionales de la piscicultura marina mediterránea.
La corvina como especie destinada a diversificar la piscicultura mediterránea
Retomando un poco la historia de la piscicultura marina en España, hay que decir que estamos en sus inicios, lo cual demanda una mayor diversificación en número de especies domesticadas. Según los datos que existen de Divanach (2003), en los últimos 15 años han sido objeto de estudio una treintena de especies mediterráneas; entre ellas la que nos ocupa. Y sin embargo, la dorada y la lubina, siguen monopolizando nuestro sector.
En esa diversificación, la corvina es una firme candidata. Ha tenido una rápida aceptación en el sector industrial, fruto de sus fantásticos ratios productivos, la posibilidad de transformado, y a priori, una buena respuesta del mercado. No obstante; 10 años después de mis primeras siembras, de las 7 granjas que actualmente producen corvina en España, 2 de ellas me aseguran que volverían a sembrar la especie, otra no ha contestado aunque parece que también seguirá, y el resto no cree que continúe una vez complete el ciclo productivo.
Odio y satisfacción casi a partes iguales, y directamente proporcionales al grado de su beneficio productivo, que es muy dispar. O funciona muy bien, o funciona francamente mal. Y es que la corvina no tiene término medio. Sus potencialidades de crecimiento hacen que se siga sembrando, y sufriendo; y como digo, también amando.
Una especie que necesita ser tratada con mimo
Técnicamente hablando, es una especie de complejidad media. No presenta niveles de estrés mecánico significativos, pero sí exige algo que en acuicultura hace difícil el trabajo: El mimo.
Mimo para alimentar con grandes dosis de paciencia, pues es una especie que no sube a la superficie de la jaula. Cuanta más luz solar y más visibilidad tengamos, a mayor profundidad se encontrarán estos peces, dificultando con ello el control de la alimentación y su prospección. Esta circunstancia dificulta la alimentación y hace que se pierda pienso por las corrientes, dejando con ello a nuestras corvinas sin la nutrición requerida.
¿Por qué digo que genera amor y odio? Por la sencilla razón de que en una misma granja, con alevines que proceden del mismo criadero, misma zootecnia y mismo pienso, podemos encontrarnos con jaulas en la que los peces han engordado 800 gramos en un año, y otra jaula a menos de 40 metros de distancia en la que los peces sólo han alcanzado los 300 gramos.
Mismas densidades, misma alimentación, mismas condiciones oceanográficas, y sin embargo, distintos resultados. Con la dorada y la lubina también puede llegar a ocurrir en un mismo ciclo cierta disparidad; lo que preocupa con la corvina es lo exageradamente distintos que pueden ser los resultados en una misma jaula y entre dos jaulas distintas.
Cabría la posibilidad de pensar, en un principio, que al ser una especie de alto crecimiento es asumible esta disparidad de tallas; no obstante, si se compara con la cobia o el salmón, especies de ratios parecidos, no es común encontrarse con un problema de estas características.
Buena supervivencia aunque con dispersión de tallas
La corvina da mejores resultados a partir de densidades altas y en torno a 20-25 Kg./m3 finales. Densidades menores siempre han dado resultados peores, y densidades mucho menores han fracasado la mayoría de las veces, ya que esta especie, al contrario que la dorada por ejemplo, tiene un marcado carácter gregario. Alejarse de este comportamiento aumentará su estrés enormemente, empeorando sus ratios productivos.
Esto que sabemos por el trabajo en granja y la experiencia (ensayo-error), Salvador Cárdenas, investigador del IFAPA El Toruño, lo detalló muy bien en su intervención en el Congreso Nacional de Acuicultura de 2011 en Barcelona. Resumiendo, dijo que “a mayores densidades, menores niveles de cortisol en sangre, lo que ratifica nuestro postulado empírico en torno a la estabulación de esta especie”.
La supervivencia media de las corvinas cultivadas en España está cerca al 70 por ciento; un 85 por ciento se consigue en las jaulas modelo, aunque también encontramos muchas jaulas con la mitad de los peces que han “desaparecido”, lo cual no es tan común en dorada o en lubina.
Ventajas y desventajas del comportamiento gregario de la especie
Una especie gregaria y que forma cardúmenes presenta un buen ratio de conversión a densidades altas, lo cual es una buena noticia a la hora de obtener buenos rendimientos por unidad de cultivo.
También permite tareas de mantenimiento, como el cambio de redes y otras operaciones.
Este comportamiento, no obstante, también tiene sus “peros”, sobretodo a la hora de alimentar, ya que cuando los peces aún son juveniles de pequeño tamaño se concentran en una parte muy pequeña de la jaula. Además, al contrario de lo que sucede con la dorada y la lubina, no son peces que acudan a la comida; por lo que un mal manejo puede hacer perder alimento, o alimentar más a unos peces que a otros, aumentando las posibilidades de canibalismo.
Y es este fuerte canibalismo y las dificultades para alimentar a los peces por igual, lo que daría lugar a grandes dispersiones y peces que quintuplican en tamaño a otros en la misma jaula.
El gregarismo es una desventaja al final del ciclo productivo y al realizarse las cosechas, ya que los peces tenderán a concentrarse en un espacio reducido de la jaula.
Pocas patologías y datos deseables en una granja
Los crecimientos que tomamos ahora como buenos son de 700 gramos para el primer año, partiendo de 20 gramos, y de 2.000 gramos para el segundo año. La conversión en el primer año no debería sobrepasar el ratio de 1,65, con una supervivencia del 80 por ciento. Encontrándonos la corvina en los mercas a 6 euros la 2-3, y a 8 euros la 3-4.
Aunque no es una especie que se encuentre afectada por patologías extremadamente duras, con el tiempo se ha ido ganando en conocimiento y ya se empiezan a reportar algunas que se hacen comunes.
En este sentido, la más importante es la granulomatosis sistémica (de origen ciertamente desconocido), que afecta en mortalidades pero sobre todo en el crecimiento. También se registra cada vez una mayor incidencia del vibrio, estadística y significativamente mayor cuando hay presencia de lubina en la planta.
¿Qué tenemos que esperar para el futuro?
Si bien los avances en la acuicultura de la corvina se han producido a una mayor velocidad durante el último lustro, también podemos apuntar durante ese mismo periodo tiempo sus mayores fracasos.
Se necesita optimizar algunos aspectos, como el control de la reproducción en cautividad, el desarrollo de protocolos de reproducción artificial y la selección de individuos más resistentes. Y por supuesto, la alimentación.
De la alimentación se ha escrito y dicho multitud de teorías, como en todas las especies, pero antes de discutir sobre tomas, horarios, ritmos y cadencias de alimentación, lo más importante es lo anteriormente mencionado: El control y seguridad de que el alimento echado al agua llega a los peces. Para ayudar en este trabajo aparecen las cámaras de visión submarina, el apoyo de los buzos y el antiguo, pero no superado en eficacia, mirafondos.
Los estudios sobre esta especie no han acabado aún, todo lo contrario, se siguen desarrollando día a día en nuestras plantas. Visto su potencial de crecimiento y fileteado, las granjas e instituciones de investigación deberán potenciar más aún la corvina, por la que el sector español viene apostando de manera muy firme para hacer de esta especie “el salmón del Mediterráneo".
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Por Eloy Meseguer. Director Técnico de África y Oriente Medio. Grupo Dibaq
