El gerente de la patronal piscícola española APROMAR, Javier Ojeda, considera que “uno de los principales problemas” del desarrollo de la acuicultura en Europa se encuentra en la insuficiente asignación de espacios a la acuicultura apropiados para crecer, algo que solo se puede conseguir a través de una buena Gobernanza.
La acuicultura europea en declive desde el año 2000
Así lo indicó durante su intervención en la AE2010, y advirtió que la actividad acuícola en la Unión Europea se está “hundiendo”, y que lo peor es que “pocos parecen darse cuenta”.
La producción de acuicultura en la Unión Europea tocó techo en 2000 y desde entonces decrece un 1,2 por ciento anual. Lo paradójico de la situación es que a pesar de que el sector está comprobando que sus expectativas de crecimiento se están viendo frustradas y su futuro comprometido, muchos políticos siguen hablando de la acuicultura como una actividad con grandes expectativas y las pescaderías de la UE venden cada vez más productos de la acuicultura.

El gerente de APROMAR insistió en que resulta también paradójico que en realidad la UE cuenta con las condiciones necesarias para convertirse en una potencia mundial de la acuicultura, incluyendo una costa muy extensa, la capacidad empresarial de los productores, la capacitación de sus técnicos, el conocimiento científico, y la avanzada tecnología. También la investigación fue destacada positivamente por las altas capacidades profesionales.
Para el directivo de la patronal piscícola, el sector de la acuicultura de la UE ha destacado por haber sido capaz de aumentar la capacidad productiva de pescado, por ofrecer empleo, y por generar nuevas oportunidades de negocio. Sin embargo, “el crecimiento se detuvo después del año 2000”, indicó Ojeda.
Como consecuencia a este parón, señala, existe un creciente déficit comercial de productos acuáticos, se han reducido el número de empresas, y se está perdiendo una oportunidad económica importante, que está dando como resultado pérdida de empleo de calidad por no poder desarrollar estas potencialidades, y un debilitamiento del aseguramiento alimentario en el marco de la Unión Europea.
Respecto a la falta de asignación de concesiones para crecer señaló que las consecuencias han da
do como resultado una menor capacidad y para adaptarse a los cambios, obligando a aceptar espacios menos convenientes, y por tanto, con peores condiciones para la producción acuícola.
Esto ha provocado menor eficiencia productiva que hace que aumenten los costes de producción, que desemboca en una menor capacidad de competitividad, reduciendo o anulando los beneficios empresariales y dificultando la innovación.
Javier Ojeda se preguntó “¿por qué no se puede acceder a estos sitios?” y explicó que existen varias condiciones que se deben cumplir para que un emplazamiento sea adecuado para acuicultura, tanto por ubicación física como medioambiental.
En este sentido señaló que no se trata de problemas técnicos sin solución, sino que “es peor”, “ya que nos enfrentamos a un problema político- administrativo”.
Los obstáculos y sus soluciones
La falta de concesiones por periodos largos, acordes con la actividad de ciclos productivos largos, la imposibilidad de poder rotar instalaciones a modo de barbecho sanitario la inexistencia en muchos estados miembros de una “ventanilla única” para realizar los trámites, el desconocimiento generalizado sobre lo que supone la acuicultura y, la sobrecarga legislativa son algunas de las trabas a las que se enfrenta la actividad.
Respecto de la actitud de la sociedad criticó que padece el síndrome de Nimby, un término anglosajón peyorativo que se usa para describir la oposición de los residentes en una zona a un nuevo desarrollo cerca de ellos. “Nuestra sociedad sublima el valor del paisaje, cuando lo que debería apreciar y valorar por encima de ello es la sostenibilidad”, indicó.
Para acceder a las posibles soluciones recomendó la lectura de la Guía de la UICN y FEAP: “Selección y Gestión de Emplazamientos”, financiada por la Secretaría General del Mar, aunque adelantó que se basan en una buena Gobernanza, un marco jurídico adecuado, mejora de los procedimientos administrativos, la planificación sectorial, y las organizaciones del sector privado. Indicando que todo ello se consigue a través de una gestión integrada de zonas costeras (GIZC), y el proceso de selección del sitio a través de un enfoque ecosistémico.
El hueco que deja la acuicultura local lo cubren las importaciones
Javier Ojeda se pregunta “¿Cuál es el modelo de suministro de alimentos que la UE quiere? ¿Dónde quiere llegar la UE respecto a la acuicultura? ¿Lo sabe? ¿Le importa? ¿Quiere la UE mantener una fuerte dependencia de las importaciones? ¿Cuál es la apropiada proporción para la UE entre producción e importación? 65%, 85%, 95%”.
En su opinión, “la acuicultura ecológica y extensiva son excelentes pero no suficientes. La acuicultura intensiva convencional, que no es incompatible con la sostenibilidad, es la que requiere actualmente de mayores apoyos, a imagen y semejanza del salmón en Noruega. Además, las regulaciones ambientales lo que no deben hacer nunca es asfixiar a los productores responsables”.
Por otra parte, Ojeda considera que es imposible competir con importaciones que no reflejan en su precio las externalidades sociales y medioambientales negativas que generan.
Los productores de la UE tienen que añadir a sus costes el extra de bienestar social, la exquisita protección del medioambiente, y el sobrevalorado bienestar animal. Opina que los exportadores y los comercializadores “son los que se benefician de esta situación injusta, especialmente cuando se añade al escandaloso malfuncionamiento del etiquetado del pescado en los puntos de venta”.
Finalmente señala que de seguir así la acuicultura en la UE se arriesga a convertirse en una actividad anecdótica, y aunque las recomendaciones de la nueva Estrategia europea al respecto de la industria son correctas, se debe poner en práctica ya, tanto a nivel de Bruselas como en los Estados miembro y en las regiones.
