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Real Decreto - Trucha Arcoíris

El veto a la trucha arcoíris pone en jaque a la industria, devaluará el precio de mercado y acabará con una práctica deportiva centenaria

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Un solo Real Decreto, aprobado in extremis en la pasada legislatura, puede provocar el declive de todo un sector piscícola, acabar con una práctica deportiva centenaria y terminar de arruinar zonas rurales ya deprimidas. Un solo cambio normativo ha puesto contra las cuerdas a la piscicultura continental porque ataca directamente a su principal actividad: la producción de trucha arcoíris.

Fue el 14 de noviembre, seis días antes de las Elecciones Generales, cuando el Consejo de Gobierno aprobó el RD 1628 por el que se incorporaron modificaciones al Catálogo y Listado de Especies Exóticas Invasoras y, por primera vez, se incluía a la trucha arcoíris. La consecuencia de esta nueva categorización es la prohibición del empleo de esta especie en la repoblación de los ríos, una finalidad a la que se destinan anualmente en torno a 2.200 toneladas, un 10 por ciento del total de la producción nacional.

Según el secretario general de la organización interprofesional Aquapiscis, Raúl Rodríguez, la tramitación se ha realizado “de forma ilógica” porque no establece un periodo transitorio de aplicación, como sí ocurre con otros cambios legislativos recientes como la directiva comunitaria sobre etiquetado nutricional; y, además, de espaldas al sector, porque “nunca se respondieron” las solicitudes de información que las asociaciones dirigieron al Ministerio y, en concreto, a la Secretaría General de Desarrollo Rural y del Agua, en los meses precedentes a su aprobación.

El RD tendrá un gran impacto en la industria salmónida, primeramente en los 30 centros piscícolas especializados en repoblación que este año tendrán que poner en el mercado este stock de 2,2 millones de kilos. Pero, inevitablemente, todo el sector y el mercado se verán afectados porque este producto, que tiene un precio medio de 6,5 euros en el segmento de pesca deportiva, se pondrá a la venta para el consumo a importes muy por debajo de los 3 euros actuales por sus mayores dimensiones (por encima de 250 gramos) y diferentes características. La devaluación de la trucha arcoíris será inevitable y la rentabilidad para la industria, que ya prevé un quebranto de entre 14 y 15 millones de euros, se verá absolutamente amenazada

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Pero, además, el cambio legislativo supone la restricción de la pesca deportiva en once comunidades autónomas, especialmente en el norte peninsular, que sufrirán un “gravísimo perjuicio” en ámbitos como el deporte, el turismo o las comunicaciones en el entorno rural, el más débil y depauperado de las últimas décadas.

El veto a la trucha arcoíris acabará con una práctica de más un siglo de historia y tradición en España y que actualmente cuenta con 200.000 licencias. Según las estimaciones, el beneficio económico inducido por cada jornada de pesca es de 15,1 millones y, dado que la campaña se extiende de marzo a septiembre, el agujero fácilmente alcanzará los cientos de millones.

Aquapiscis ya ha trasladado al nuevo ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, la urgencia de replantear el RD y la inclusión en el Catálogo porque consideran que “no hay ninguna base científica ni precedente de invasión por parte de la trucha arcoíris, ni en España a lo largo de 100 años ni en otro país de la UE con condiciones ecológicas semejantes, como indica el Real Decreto”, argumenta Raúl Rodríguez. Por el contrario, la organización entiende que, en virtud del reglamento CE 708/2007, esta especie debería ser considerada como “introducida” y, además, favorecida por la Administración por su contribución como indicador de control de la calidad y sostenibilidad de las aguas fluviales.

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En este sentido, Rodríguez explica que, incluso, las posibilidades de invasión son nulas porque es una especie “acostumbrada a criarse en cautividad, su hábitat es la piscifactoría y cuando llega al río no es capaz de alimentarse por sí sola, se deja llevar por la corriente y acaba muriendo por inanición o se las comen los depredadores en poco más de una semana, de ahí que las repoblaciones se hagan en periodos muy cortos para permitir la pesca”.

La única alternativa frente a esta prohibición es el empleo de la trucha fario, que sí es una especie autóctona, pero, nuevamente, la disparidad legislativa y la burocracia administrativa impiden su desarrollo, ya que “hay comunidades autónomas donde está prohibida o hay limitaciones”, lamenta el secretario general de Aquapiscis.

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