Experto Economía Pesca y Acuicultura /@misPeces
En un entorno socioeconómico cambiante, y con una demografía en crecimiento, la acuicultura está demostrando ser parte de la solución al futuro aprovisionamiento de alimentos, ya sea por sus posibilidades biológicas, como por las sociales y las ambientales.
Y no lo decimos nosotros (aunque así también lo pensamos), lo han dicho durante estos días de una manera directa los expertos internacionales en ciencia económica y empresarial, reunidos en Santiago de Compostela, en el curso avanzado de Economía de la Pesca y la Acuicultura bajo la coordinación del profesor de la Universidad de Cantabria, José Manuel Fernández Polanco y el investigador de la Universidad noruega de Aalesund, Trond Bjornal.
Entre ellos se encontraban 36 prestigiosos ponentes de universidades europeas y de EEUU, así como expertos de la FAO. También ha contado con un nutrido alumnado representando a 22 nacionalidades de los cinco continentes.
Pero, más allá del mero papel productivo de la pesca y la acuicultura, tenemos que analizar la importancia de estos sectores como parte de la cadena de valor del pescado desde que se cosecha hasta que llega al consumidor y cómo la acuicultura es la solución a muchos desafíos.
Y tenemos que hacerlo contando que en la cadena de suministro, el sector transformador y comercializador cada vez son unos eslabones más importantes en la economía de la pesca, y que necesitan para poder funcionar materia prima de manera constante y previsible, con una distribución de tamaños adecuada a las demandas del mercado, y a la maquinaria disponible.
Además, como valor añadido, los subproductos generados en la industria transformadora siguen siendo valiosos y se pueden (y se deben) volver a incorporar en la cadena de suministro, ya sea para la fabricación de alimentos para acuicultura o en la quinta gama de productos elaborados.
El consumidor termina siendo el mayor beneficiado
Se podría decir, sin lugar a dudas, que la acuicultura ayuda a vender “más y mejor” el pescado y marisco disponible, y ha sido capaz de llevar a volúmenes antes solo en la imaginación de unos pocos, el salmón Atlántico; o la dorada y la lubina en el Mediterráneo.
Esta competencia con los recursos pesqueros, que se encuentran en su máximo potencial de suministro, ha permitido a la acuicultura llevar a más hogares sana proteína de pescado con precios asequibles que de otra manera hubieran supuesto una sobre explotación de los stocks silvestres.
En toda esta competencia el consumidor es el mayor beneficiado. Sin embargo también se beneficia el sector pesquero, que ha podido encontrar nichos de mercado para seguir sobreviviendo.
La acuicultura es la principal interesada en una producción sostenible
Sin embargo, como industria, no está exenta de desafíos y controversias que superar. Una de ellas es la “patata caliente” de la dependencia de las especies carnívoras a la harina y aceite de pescado, o el futuro que se presenta con el cambio climático y la acidificación de los océanos a los moluscos y especies continentales.
En este punto, todos los expertos han coincidido que la acuicultura es la primera interesada en la sostenibilidad de la industria, ya que, de otro modo, no tendría futuro. Evidentemente se producen desfases, pero éstos se están viendo claramente compensados por la implicación de la industria en mejorar, y los avances en conocimiento y tecnológicos.
Las ecoetiquetas y certificaciones de calidad que se están creando, buscan garantizar que los aspectos relacionados con la producción cumplen con los requisitos de sostenibilidad exigidos por los consumidores. Es por ello que se hace necesario racionalizar el gran número de distintivos creados para esta finalidad y que están confundiendo al consumidor sobremanera.
En los aspectos relacionados con el cambio climático, uno de los mayores desafíos a los que se va a enfrentar la humanidad en el futuro próximo, es también la acuicultura parte de la solución. Los avances científicos que se pueden desarrollar a través del sector acuícola permitirán la incorporación de mejoras ganaderas en las distintas especies afectadas hasta conseguir adaptarlas y acomodarlas a los cambios que se vaya produciendo en el futuro.
Los moluscos silvestres han sido identificados como los mayores afectados por este cambio climático y su efecto sobre la acidificación de los océanos que está dando lugar al desplazamiento de las poblaciones. Otro afectado por la escasez de recursos hídricos es la acuicultura continental que verá reducida su disponibilidad de agua para su actividad.
El futuro pasa por una mayor inversión en ciencia e innovación
El sector piscícola en una década ha contribuido de manera espectacular a incrementar la cuota de proteína acuática disponible. Este mismo año va a igualarse con la producción pesquera silvestre y en 2020 se espera que se equipare con el total de la producción mundial de pescado extractivo.
Sin ciencia e innovación no hubieran sido posibles estas mejoras. Sin embargo son necesarios más esfuerzos en este sentido. Si se compara con la industria del pollo, donde la alimentación de los animales representa el 80 por ciento del coste total de producir este producto, la acuicultura aún tiene margen de mejora ya que éstos, dependiendo de la especie, se encuentran entre un 50 y un 70 por ciento. El resto de gastos lo representan la mano de obra, la energía y los costes financieros.
Es más que evidente, por tanto, que todavía se hace necesaria la generación de más conocimiento y mayor automatización de los procesos.
Además a través de la tecnificación y la híperespecialización se generan nuevos nichos de negocio y puestos de trabajo especializados, dando una segunda oportunidad a los habitantes de las zonas costeras donde se desarrollan estas industrias, haciéndolas menos dependientes de la pesca y del turismo.
Con tecnología y la automatización de los procesos podemos reducir también los costes de producción, aumentando el volumen producido. Además, la tecnología introduce mayor control y mejores prácticas hace a las empresas más eficientes y termina desarrollando nuevos empleos en zonas rurales y litorales.
Y esto significa para el consumidor la posibilidad de obtener productos sanos, nutritivos y de calidad a un precio asequible.
